Diputado
«Pero al señor Sánchez no le interesa nada de todo esto. Él está más preocupado por averiguar cómo su amigo Conde-Pumpido puede ayudar desde el Tribunal Constitucional para garantizarles a todos ustedes la impunidad: de su mujer, de su hermano, de su fiscal, de su partido; en definitiva, de su mafia. O quizá está pensando cómo esta mayoría parlamentaria le libra del Supremo, si ese momento llega. O quizá está pensando en seguir los pasos de Bettino Craxi. No sabemos en qué está pensando, porque siempre dice lo contrario de lo que va a hacer. (Aplausos). Si el señor Sánchez fuera un presidente decente, podríamos hablar también del Consejo Europeo. Es verdad que de todos los disfraces que se pone el señor Sánchez, el que peor le queda es el de líder internacional. Consigue reunirse con el presidente de Senegal -me imagino que para engrasar el tráfico de seres humanos-, consigue el aplauso de los talibanes y de Hamás y consigue la amistad con Venezuela o, mejor dicho, con la compañía nacional de petróleo de Venezuela, pero ni eso es mérito suyo, porque ese es un logro del señor Zapatero. Pero entre los mandatarios con peso internacional, lo único que produce el señor Sánchez, que no ven allí ninguna velita encendida, es estupor, rubor y risa, y esto último nos lo han confirmado con detalle. Por ejemplo, cuando le ven ponerse aquí ante una sala vacía de prensa, muy chulo, como si fuera Robert de Niro en Taxi Driver, y luego llega allí y dice: No, si yo no he dicho eso, lo han dicho los militares. Mentira. Otra mentira que los militares no le pueden perdonar. (Aplausos). Y delante del mundo entero, que estaba esperando su gran intervención contra Trump, llega allí y nada, nada, pero nada de nada; silencio y a firmar, como todos. Lo vimos en directo, escuchando a la señora Meloni en televisión, que decía: No, si hemos firmado lo mismo que Sánchez, o Sánchez lo mismo que nosotros, decía con incredulidad después del número que usted había montado.»
Fragmento 4 de 8 de esta intervención.