Esther Gil de Reboleño LastortresSumar
Diputada
«Presidenta -presidenta, con a-, señorías, buenos días. Decía María Zambrano que su patria era la palabra, y no se me ocurre mejor forma que comenzar esta intervención, porque en esta casa, la casa de la palabra, a menudo olvidamos el poder que tiene el lenguaje para construir o destruir realidades. Durante más de cuarenta años, este Congreso ha funcionado con un reglamento que ignoraba a las mujeres con la excusa del masculino genérico, nuestras palabras institucionales han invisibilizado a la mitad de la población. Y hoy, que vamos de señalar a gente, mirando a nuestra presidenta, podemos observar perfectamente que es una mujer, pero seguía siendo un presidente en un texto oficial. Hoy, al menos parcialmente, corregimos esta anomalía, y por eso quiero reivindicar la importancia de decir las cosas por su nombre. La palabra importa, importa porque nombra lo que existe y porque silenciar es una forma de violencia. Por eso, señorías, quiero traer aquí varias palabras claves. La primera, racismo. Lo que hemos estado viviendo en Torre-Pacheco no son disturbios, no son altercados, son actos de racismo, llamémoslo por su nombre: racismo, las cacerías de personas migrantes son racismo (aplausos), y quienes las justifican y las protagonizan son racistas, no tengamos miedo a decirlo. Y también lo digo con claridad: hay grupos en esta Cámara que son abiertamente racistas y no deberían tener cabida en nuestras instituciones democráticas. Llamo al Partido Popular a condenar estos ataques racistas sin rodeos, sin eufemismos, porque, si no lo hacen, se parapetan en una ambigüedad y serán cómplices de este racismo.»
Fragmento 1 de 4 de esta intervención.