Diputado
«Curso nuevo, costumbres viejas: sin contestar a ninguna de las preguntas que le he hecho. Usted, señor presidente, está en todas las causas de dimisión que le acabo de referir. Para repartir carnés de moralidad, renueve primero el suyo. Usted está en un Gobierno que funciona, veintidós ministerios: Hacienda sin presupuestos, Vivienda sin casas, Interior sin solución para los okupas, Transportes sin trenes serios en nuestro país, Sanidad sin planificación sanitaria, Exteriores sin aliados decentes. Podría seguir uno a uno, pero no tengo tiempo. Empieza este curso exactamente igual que lo terminó. Se escondió en La Mareta pensando que todos estos problemas de corrupción iban a taparse. La corrupción no se ha ido porque usted está aquí. (Aplausos). También sigue sin tener un Gobierno que funcione, sin una mayoría parlamentaria y sin presupuestos. Se fue de vacaciones con una sonora derrota parlamentaria y es probable que hoy tenga más. Pero ¿sabe una cosa? Usted ya no tiene en la cabeza a los españoles, usted ya solo tiene miedo. (Algunos señores diputados y diputadas: ¡Oooh!). Solo le mueve el miedo: el miedo a los jueces por lo que saben, el miedo a los medios por lo que publiquen, el miedo a los socios que le dejen caer, el miedo a que la gente hable en las urnas, quizás también el miedo a que alguna vez usted mismo... (Prolongados aplausos).»