Diputada
«Hace mucho tiempo que decimos que el transporte ferroviario afecta a la salud de las personas, ministro, pero ahora ya no solo lo decimos nosotros; lo dice también la ciencia. Empecé a hacerle un apunte la semana pasada: un estudio pionero impulsado por el Departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili, coordinado por el profesor Sergi Martín Arbós y con la colaboración de la plataforma 'Dignidad en las vías', ha puesto luz en la oscuridad, como diría un leridano insigne. La acumulación de retrasos, cancelaciones, falta de información e incertidumbre no es solo un problema de infraestructuras; es un ataque directo a la salud de la ciudadanía, una ciudadanía que sufre ansiedad, depresión, tensión muscular, dolor de cabeza y problemas digestivos, porque rodalies, y el transporte por autobús también, se ha convertido en un generador de enfermedad. Los datos son claros, demoledores. En una muestra de 695 personas, el 88 % de los usuarios declara sufrir ansiedad, depresión o malestar físico relacionado con el tren. Ocho de cada diez han tenido retrasos en más de la mitad de los últimos cinco trayectos. En una escala de 0 a 20, la población general tiene la ansiedad en torno a un 3 o un 4; los usuarios de rodalies en Cataluña la triplican y llegan al 9. Con la depresión, la media normal es poco más de 5, pero quienes cogen rodalies ya están por encima del 8. Por tanto, señor ministro, aún no hemos hablado suficientemente de rodalies, todavía no. Lo que tenemos que hacer es hablar y encontrar estas soluciones porque el cuerpo lo paga también, en dolor de cabeza, en tensión muscular, en problemas digestivos... Mientras la población en general marca un 4, los usuarios de rodalies están por encima y esto significa que cada retraso, cada cancelación, cada falta de información, no solo es una molestia, es un ataque directo a la salud mental, física, de esta gente.»
Fragmento 7 de 11 de esta intervención.