Pilar Vallugera BalañàERC
Diputada
«Gracias, presidente. Buenas tardes, diputados y diputadas. Un par de consideraciones previas. La primera es que cuando discutimos temas con una determinada profundidad, no podemos abarcarlo todo, porque, si no, la gente que nos escucha, primero, desconecta de todo y, luego, al final todo acaba siendo menores, digitalización, protección de los menores, inmigración y no sé qué, un violador. Es que así no se puede debatir nada, no se puede hacer política así, porque el leitmotiv único que tienen es atacar a la gente que, de manera más o menos irregular o, incluso, regular llega a este Estado. De esta manera, ¿cómo quieren que hablemos de algo tan importante como es la disrupción que representa en la realidad la entrada de la tecnología en las casas, en los bolsillos y en los cerebros de toda la ciudadanía, especialmente de los menores? ¿No es algo, además de lo que está pasando, que es consustancial a lo que es el presente y, sobre todo, lo que será el futuro? Cuando hablamos de controles parentales, muchas veces dicen: no, es que, bueno, de alguna manera esto altera el papel fundamental de los padres. Pero, por el amor de Dios, si la mitad de los padres son más legos en la materia que sus propios hijos. Por tanto, estamos hablando de una situación en la que los padres, y las madres evidentemente, difícilmente pueden actuar de enseñantes o de transmisores de conocimiento y de experiencia. Porque es un hecho que, a medida que van creciendo los hijos y las hijas, los padres envejecen y hay que ser conscientes de que muchas veces es más potente, más experto y más capaz en tecnología el niño de doce, trece o catorce años que su padre de cuarenta. Quien no entienda esto no entiende nada. Es decir, cualquier ayuda para la protección de los menores es necesaria.»
Fragmento 4 de 8 de esta intervención.