29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Verónica Martínez BarberoSumar

Diputada

«Muchas gracias, presidenta. No quiero comenzar esta intervención sin saludar primero y dar las gracias a los compañeros y compañeras del Ministerio de Trabajo y Economía Social que están hoy en esta tribuna y que han hecho una ingente labor para traer este debate de país hoy a esta Cámara. (Aplausos). Asimismo, quiero expresar mi mayor reconocimiento a los sindicatos de clase. Gracias a Unai, Pepe, a todas las compañeras y compañeros que nos acompañáis. Y, por supuesto, el mayor cariño y afecto de mi grupo parlamentario a todas las personas que llevan horas manifestándose en la puerta de este hemiciclo, gritando por los derechos de la clase trabajadora. Hoy tenemos la oportunidad de dar un paso más para ofrecer a todas las que representamos algo pequeño y enorme a la vez: una reforma que es revolucionaria, porque no se trata solo de organizar mejor las horas de trabajo, sino de ganar tiempo de vida. Es, en definitiva, la conquista del derecho al tiempo, del derecho a la vida y a la libertad. Pero la batalla de este derecho, ya se ha dicho, no empieza hoy. Empezó hace más de un siglo y fue en 1983 cuando se aprobó la jornada laboral de cuarenta horas semanales. Hace más de cuatro décadas, España era un país muy distinto al que conocemos hoy. Teníamos -ya lo ha dicho la vicepresidenta- 11 millones de personas ocupadas, la mitad de las que tenemos hoy, y nuestra economía apenas empezaba a dejar atrás el pozo en el que la Dictadura la había sumido. La gente viajaba en coche o en autobús porque el tren no era una alternativa realista y el avión estaba reservado para una minoría. Los trámites bancarios se hacían en las sucursales con la cartilla. Los periódicos se compraban en papel en los kioscos, como todo, con pesetas. Y la idea de Internet y de un teléfono móvil eran ciencia ficción. De aquella, en Citroën, en Vigo, tardaban dos horas en ensamblar un coche; hoy -que se llama Stellantis-, tardan dos minutos. Fue la época en la que el sindicalismo jugó un papel central, arrancando con huelgas y movilizaciones derechos básicos que hoy damos por sentados: vacaciones retribuidas, prevención de riesgos laborales, convenios colectivos con fuerza real, sanidad y educación como pilares del bienestar. Nuestra sociedad y nuestra economía han cambiado y mucho. Lo único que no ha cambiado es la jornada máxima legal. (Aplausos).»

Fragmento 1 de 8 de esta intervención.

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