Jaime Miguel De los Santos GonzálezPP
Diputado
«Y, señora ministra, no me mofo de sus campañas publicitarias. Me resulta curioso que usted no haya fichado al señor Ábalos, al señor Cerdán, al señor Koldo García o al cuarto ocupante del Peugeot para hablar de lo que es la testosterona tóxica, porque en ese coche no solamente se fraguó gran parte de la ignominia que hoy atraviesa todo el Partido Socialista -y me refiero a la calle Ferraz y al Palacio de la Moncloa-, sino la vergüenza para este país. Tengo que hablarle del señor Paco Salazar, que no iba en el coche, pero podrían haberle puesto en una roulotte detrás, que ni siquiera pudo asumir la responsabilidad para la que estaba llamado porque sus compañeras decían que tenía actitudes absolutamente repugnantes. Tampoco la he visto a usted muy abultada, como en nuestra primera interpelación, llamándole ¡sinvergüenza! y no sé cuántas cosas más. ¿Por qué? Porque usted no está preocupada por la igualdad, porque usted, después de que en el 41 Congreso del Partido Socialista la hayan retirado de la Secretaría de Igualdad, se ha dado cuenta de que quizá en la próxima remodelación del Gobierno sea uno de los nombres que caiga. Y, créame, lo lamento solo por una cosa, porque sinceramente creo que a usted la bonhomía sí la acompañaba desde Valladolid, el problema es que de tanto juntarse con quien a usted la han obligado a juntarse, y no solamente me refiero a los compañeros del Consejo de Ministros que votaron la ley del solo sí es sí, que siguen sentados, que son los responsables de la revictimización de esas mujeres que ven cómo sus depredadores salen a las calles, también me refiero a los señores de Bildu y a quienes les precedieron, pues lo dicho, esa bonhomía ha debido de quedarse en la carretera Valladolid-Madrid, y es una pena.»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.