Teresa Jordà i RouraERC
Diputada
«Aprovecho también el atril para pedirle a la diputada del Partido Popular que nos cuente por qué sus barones autonómicos no pidieron la declaración de emergencia -tres, en este caso-, que concede a la Administración central un papel de liderazgo para resolver una situación compleja. ¿Por qué no lo hicieron? ¿Verdad, señor ministro? Mire, ¿usted recibió alguna petición por parte de los barones populares en este sentido? Lo digo para zanjar este tema ya, porque, obviamente, en Cataluña hemos sufrido muchos incendios y sabemos cuándo hay que pedir ayuda y cuándo no, y los que lo saben, como siempre, son los profesionales. Mezclar la política en esto me parece un grave error, porque las cosas no suceden porque sí, señorías. Hace muchos años que en este hemiciclo deberíamos estar hablando de gestión; de gestión para tener unas estructuras forestales diversas, para tener un mosaico de bosques, un mosaico de bosques sanos, y no una acumulación de bosques estresados que a la mínima queman y provocan incendios extremadamente virulentos. Porque lo que es evidente es que no solo en estos incendios que nos ocupan hoy en este debate no ha habido previsión, sino que además todavía hoy oímos, escuchamos a señorías, diputadas y diputados de este hemiciclo, que menosprecian absolutamente los peligros del cambio climático. O gestionamos los bosques o lo que nos depara el futuro son grandes incendios, y si no hacemos una renovación planificada del paisaje, la hará el paisaje, la hará por sí solo, pero, atención, la hará de forma catastrófica, porque el desastre no es ver cómo quema un bosque, el desastre es no haber gestionado dicho bosque. Es cierto que hay una idea desde un punto de vista urbanita. Entre todos y todas hemos creado una sociedad absolutamente urbanita, que alimenta estas políticas también expansionistas y que conlleva que llegamos a la conclusión de que necesitamos más bosques, que es un pecado talar un árbol porque cada vez hay menos, y esto es un error, una equivocación. Los bosques crecen en todas partes, aquí, pero también en Europa, y están creciendo, desgraciadamente, de forma no gestionada, y esto, créame, señor ministro, es una bomba de relojería.»
Fragmento 16 de 20 de esta intervención.