María José Rodríguez de Millán ParroVox
Diputada
«La tauromaquia, además, ha sido un equilibrio entre tradición y modernidad. Ha sabido renovarse sin perder su esencia. En cada tarde de toros late una emoción que no puede fabricarse ni sustituirse con los artificios de la sociedad del usar y tirar, de la inmediatez. La tauromaquia no necesita justificarse ante modas pasajeras. Se justifica sola porque es verdad, porque es arte y porque es cultura. (Aplausos). Yo no voy a relatarles aquí el impacto que esta iniciativa y su intención última de abolir los festejos tendrá en la economía y en el ecosistema, porque la tauromaquia debe ser reivindicada aunque no generase ni un solo puesto de trabajo y aunque no se extinguiera el toro, y porque todo eso ya lo saben ustedes, incluso los que traen esta iniciativa. Defender la tauromaquia es defender también la pluralidad cultural frente a un globalismo que busca homogeneizar costumbres, valores y sensibilidades para diluirnos renunciando a lo que nos define. En definitiva, señorías, hoy no deberíamos estar aquí debatiendo esto, porque no se puede votar lo que somos o dejamos de ser. Lo que somos se defiende y esa defensa debe partir de un hondo entendimiento de la tradición, la estética, el pensamiento trágico y el carácter identitario que ha marcado a España durante siglos. Los españoles nunca hemos huido de la muerte o del dolor, la hemos mirado a los ojos. Hemos convivido con ella y, desde el Cantar de Mio Cid, hasta las pinturas negras de Goya, pasando por Unamuno o por Zorrilla, el alma española ha sabido representar siempre esta relación estética y mística con la fatalidad. ¿De verdad ustedes se creen con capacidad de prohibir todo esto? (Aplausos.-Un señor diputado: ¡Sí!). Le deseo mucha suerte al que ha dicho sí. La tauromaquia es una metáfora nacional, un espejo donde se reflejan los extremos de nuestra alma: la pasión, la temeridad, la estética, la aceptación del destino, la capacidad de afrontar la muerte en el arte. Y es una metáfora de la misma vida; valor, belleza y muerte unidos en un mismo instante. Condenarla al ostracismo no es solo el paso previo a prohibirla, es quemar un hilo invisible que une siglos de historia, pensamiento, belleza y contradicción. Es silenciar una forma de hablar de lo humano que nos es propia y que configura lo que somos. Nosotros defenderemos siempre la tauromaquia, porque lo que nace del alma de un pueblo nunca puede desaparecer. Nos vemos en las plazas, donde, por cierto, suelo ver a muchas de sus señorías de la bancada socialista. Muchas gracias. (Aplausos de las señoras y los señores diputados del Grupo Parlamentario VOX, puestos en pie).»
Fragmento 3 de 3 de esta intervención.