Verónica Martínez BarberoSumar
Diputada
«Señorías, han pasado más de cuatro décadas desde que se fijó la jornada máxima de 40 horas semanales y en este tiempo todo cambió. Nuestra economía es otra, nuestra sociedad también. Como bien sabe el señor Rego, Galicia es un ejemplo de ese cambio. Hace cincuenta años, en la antigua Citroën de Vigo hacían falta horas para el montaje de un solo coche y hoy en la llamada Stellantis se tardan segundos. Esa reducción del tiempo de trabajo de producción genera unos beneficios extraordinarios, una riqueza que ha de ser distribuida en mejores salarios y en menos tiempo de trabajo. (Aplausos). Pero ¿qué es lo que ocurre? Justo lo contrario: la realidad sigue siendo que la mayoría de las gallegas y gallegos trabajan más horas de las que deberían. Y esto tiene rostro: el de las mujeres y hombres curtidos en la industria, la pesca, la limpieza, los servicios, la agricultura, y el rostro de la juventud gallega, de quienes sostienen la economía invisible, el de los trabajadores del hogar y de las residencias. Y hablo de Galicia porque hoy la propuesta viene de allí, pero esta realidad también de los andaluces, valencianos, aragonesas, madrileños, castellanoleoneses es la realidad de las gentes trabajadoras.»
Fragmento 7 de 10 de esta intervención.