Carlos Hernández QueroVox
Diputado
«Después, en la segunda fase, vino lo de cargarse las oportunidades ya directamente en las cabezas de comarca, en los pequeños núcleos fabriles, en las agrociudades; lo de expropiar a hombres y mujeres del campo para entregar sus tierras a los caciques de las renovables; lo de cambiar olivos o vides por placas solares; lo de cerrar industrias que alimentaban provincias y comarcas enteras aquí para levantarlas en China; lo de amenazar con mandar al garete cientos de miles de empleos de la automoción por el capricho de cuatro burócratas; lo de inundar nuestros mercados con aguacates, pimientos, tomates y naranjas de mala calidad, producidas a miles de kilómetros de aquí en condiciones de semiesclavitud; lo de Mercosur; lo del fraude del etiquetado; lo de volar centrales térmicas y celebrarlo; lo de extinguir la vida de las nucleares entre aplausos y risitas; lo de hacer imposible la rentabilidad y, con ello, el relevo generacional. La siguiente fase, la tercera, consistió en estigmatizar hasta la náusea la vida rural o la vida industrial. Esto iba de llamar paleto a cualquiera que estimara a bien quedarse en su patria chica; de considerar gañán al que se quisiera apuntar a FP o quisiera seguir con el negocio familiar; de ridiculizar al trabajador manual; de impedir la limpieza de bosques y el mantenimiento de ecosistemas; de festejar el desarraigo; de desterrar las tradiciones, y, por supuesto, de creer que el campo es una postal o un escenario de stories de Instagram. (Aplausos).»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.