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29N · faltan 25 días

Aina Vidal SáezSumar

Diputada

«Gracias. Se habla muchísimo de cáncer en la tele, en el cine, en las redes o en la calle. Se habla mucho, pero se habla mal. Se habla pensando en las personas sanas o como ejemplo de lo peor, algo muy alentador para quienes lo padecemos. Se habla para decirnos qué está bien y qué está mal, si eres un buen o un mal enfermo. Quejarse, por ejemplo, está mal; estar triste, deprimida o enfadada es falta de actitud, como si, aparte de sobrevivir, tuvieras que mostrar a los sanos una inspiradora lección de vida para darles fuerza. Hablar de la muerte o de dolor asusta a los vivos, por lo que se decreta que todo va a salir bien y que ya estás curada; eso sí, sin preguntar. Hablar de los múltiples efectos secundarios que afrontamos las supervivientes es tabú, como los dolores articulares, el dolor crónico, la falta de memoria, el insomnio, el duelo de los órganos ausentes o por la pérdida -evidentemente- de la capacidad reproductiva, los dolores de cabeza, los cambios de la sexualidad, un cuerpo nuevo, las bolsas pegadas a tu intestino o las cicatrices, las visibles y las que no. Son tantas y tantas cosas que descubrimos casi en clandestinidad y con vergüenza -por qué no decirlo- en foros de Internet, en grupos de ayuda o en post de Instagram. (Aplausos).»

Fragmento 1 de 4 de esta intervención.

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