Carlos Flores JuberíasVox
Diputado
«SUMAR y del Grupo Socialista- la prestación de los servicios públicos necesarios para el mantenimiento de las funciones sociales básicas, la salud, la seguridad, la continuidad del suministro, la conectividad y el bienestar social y económico de los ciudadanos. La cuestión está lejos de ser baladí. Una catástrofe natural como, por ejemplo, la que asoló Valencia el 29 de octubre del año pasado, no se sufre de igual manera en municipios grandes y bien comunicados, dotados de infraestructuras -Paiporta, Picaña, Chirivella-, que en municipios pequeños, alejados de las grandes vías de comunicación y con escasas dotaciones de personal -Gestalgar, Bugarra, Pedralba-, porque, cuando los recursos son ajenos -y no propios-, cuando están lejos -y no a la vuelta de la esquina-, las horas corren mucho más deprisa. Y eso lo saben bien todos los que un año atrás compartieron el mismo infortunio, el infortunio que relató de manera escalofriante y en primerísima persona nuestro escritor Santiago Posteguillo: 'Vimos a gente desaparecer en el agua. Nos acostamos sin luz ni agua, pensando que al amanecer estaría la Guardia Civil, que estarían los bomberos, el ejército. Pero al amanecer no había nadie. Sí, había el cadáver en mitad de la plaza de una joven china, y al lado su madre, velando el cadáver, pero no había policía ni ejército. No vino nadie en todo un día. Todo lleno de barro, silencio, miedo. Cae la noche, no viene nadie, hay saqueos. Pero al segundo día vendrán. Amanece, no viene nadie. No hay nadie, solo han retirado el cadáver un poquito.' ¿Cómo puede ser que en cuarenta y ocho horas no venga nadie? ¿Alguien me lo puede explicar, en la España del siglo XXI? 'Al tercer amanecer no había nadie; nadie institucional, porque empezaron a llegar voluntarios. Era un espectáculo de devastación como no he visto en la vida, como no creo que la gente se imagine: cadáveres que todavía no han podido retirarse, coches volcados, edificios destrozados. Ha sido muy cruel no avisar.' Pero aún fue más cruel no ayudar con la energía que hacía falta. (Aplausos). ¿Cómo se puede ser desde las instituciones tan miserable? ¿Cómo se puede ser desde las instituciones tan miserable?, se preguntaba Santiago Posteguillo. Miserable, qué palabra tan gruesa, ¿no creen? Aunque con la semana que llevamos en esta Cámara, miserable es casi un halago.»
Fragmento 3 de 5 de esta intervención.