Diputado
«Gracias, señor presidente. Empieza el sálvese quien pueda en el bloque de investidura, y el tema que promete llevarse más partidos por delante es el de la vivienda. SUMAR viene hoy aquí habiendo hecho los deberes, muy solemne, muy académico, muy tecnológico, a hablarnos del algoritmo de las plataformas de alquiler. Lo cierto es que suena importante. Uno lo escucha y no sabe si está ante la genialidad del siglo o ante el timo de la estampita versión posmoderna, si es audacia o si simplemente es una manera finísima de distraer al personal con lo insignificante y lo trivial, mientras dejamos de lado lo mollar de la cuestión habitacional. (Aplausos). Conociéndolos, entenderán que nos decantemos más por lo segundo. Y es que la experiencia es un grado en esta Cámara. En su histórico, en el de SUMAR, está la promesa de llegar a la media europea de vivienda pública. Objetivo loable, noble, grandioso. Pero, claro, con la herramienta pírrica del derecho de tanteo y retracto, una fórmula con la que solo se compran unos pocos cientos de unidades al año en toda España. No parece que sea una manera muy eficaz de poder llegar a esa media. También repitieron como loros el mito de los cuatro millones de viviendas vacías, sin importar, por supuesto, ni dónde están ubicadas, ni si hay trabajo, ni si hay servicios, ni si hay comunicaciones, ni su estado de conservación. Todo eso no importaba absolutamente nada. Lo único que importaba era poder aferrarse a algo, aunque fuera un muñeco de paja, como el mito de los famosos cuatro millones de viviendas vacías, para no bajarse de la burra frívola y sibarita de que no hace falta construir. (Aplausos). Y digo sibarita y frívola porque solo quien tiene la vida resuelta puede negarse a que otros traten de resolvérsela. La negativa a construir en el contexto actual es un lujo que solo pueden permitirse los privilegiados. Luego, nos dijeron que la solución era topar los precios. Y lo defendían a capa y espada, daba exactamente igual que no hubiera un puñetero caso de éxito en todo el mundo, que siempre hubiera conducido a desplomes bruscos de la oferta y a la expulsión del mercado de las rentas más bajas y los más vulnerables. Daba igual, porque a ustedes nunca les importó que algo funcionara, había que topar el precio de la vivienda porque sonaba muy revolucionario, y lo cierto es que lo que consiguieron fue topar el acceso a toda una generación a la vivienda; una generación que hoy está a medio camino entre el piso compartido con seis extraños a los treinta y pico y la vieja litera de casa de sus padres. (Aplausos). Después vino lo de la lucha contra la especulación, pero claro, muy creíble ya no resultaba, viniendo de uno de los partidos que más ha hecho para que los grandes puedan especular a sus anchas. Si un fondo echara hoy la carta a los Reyes Magos ¿qué pediría? Políticos que bloqueen la producción de vivienda y que traigan a cientos de miles de personas cada año que necesitan una vivienda. Muchas personas y pocas casas es la mejor garantía de que suban los precios de esos grandes que ustedes tanto critican, sin mover un puñetero dedo. (Aplausos). Es el sueño húmedo de cualquier inversor. Es difícil comprometerse de forma más decidida con los beneficios de los poderosos, señorías de SUMAR.»
Fragmento 1 de 2 de esta intervención.