Alberto Ibáñez MezquitaSumar
Diputado
«¿Ustedes creen que en un país donde hay 564 casas por cada mil habitantes -por ejemplo, en mi casa somos cuatro y, por tanto, no necesitamos dos viviendas más- no hay casas suficientes para que todo el mundo tenga una vivienda? ¿O será que hemos normalizado que las empresas puedan comprar un derecho? ¿Entenderíamos que las empresas compren derechos tan básicos como nuestro derecho a la salud o nuestro derecho a la educación? ¿Por qué no? Y cuando insisto en el por qué no es porque, a diferencia de otros momentos, a priori, en esta legislatura sí existe un espacio, con una mayoría que dice que la vivienda no puede ser un bien de mercado. Pues empecemos desmercantilizando, empecemos aquí. Por eso creo que es importante que la mayoría parlamentaria sustente este sencillo acuerdo, que es que entendemos que la vivienda es un derecho. No vamos a entrar en si usted, como familia, tiene dos, cinco o siete viviendas. A mí me parece mal y creo que hay que, como mínimo, achicharrarle a impuestos, pero, al menos, atrevámonos a que no haya empresas -la mayoría extranjeras, por cierto- que compren casas y bloques enteros en nuestros barrios. Aquí se habla mucho de la seguridad en los barrios. ¿Saben ustedes qué no da seguridad en los barrios? Cuando llega un fondo buitre. Un fondo buitre compra un edificio entero. Probablemente, hay gente que nunca pensó que fuera vulnerable en este país. Es gente que con su salario y su pensión podía llegar a pagar su alquiler, pero, de repente, deciden subirle el alquiler a un precio que es inalcanzable y le hacen cambiar del barrio de siempre. Ya no tiene con quién hablar, porque sus amigas se quedan en ese barrio. Ya cambia de médico de familia, con lo grave que esto es para la trazabilidad de muchas enfermedades. O tiene que sacar a sus hijos del colegio. Pero es que hay veces que, incluso pagando el alquiler, les echan, porque estos fondos buitres se llevan muy bien con los escuadristas, que lo que hacen es expulsar a las familias por vías violentas que todavía no hemos prohibido en este país. Como decía, es el momento de salir de la zona de confort y de no quedarse solamente en las posiciones cómodas de cada uno.»
Fragmento 5 de 8 de esta intervención.