Esther Gil de Reboleño LastortresSumar
Diputada
«Los datos son claros. Según el Barómetro Juventud y Género 2025, el 87 % de las personas jóvenes entre 15 y 29 años afirma haber presenciado violencia contra las mujeres en su entorno cercano. Presenciado, no oído. Pero a la vez, según los estudios de ANAR, casi la mitad de los adolescentes que sufren violencia no la identifican como tal y más del 70 % no lo denuncia ni plantea hacerlo, es decir, ven la violencia fuera, pero normalizan la violencia dentro, y por eso no ocurre nada. Para los adolescentes, el peligro se encuentra en las redes sociales, en los ecosistemas de pantalla, en los algoritmos, en los youtubers que ridiculizan el feminismo, los bulos que señalan a las jóvenes como exageradas, a los discursos reaccionarios que les dicen que el control es amor, que los celos son cariño, que el consentimiento es un invento para fastidiarles la vida. Ahí fuera, señorías, hay chavales que creen que es normal revisar el móvil de su pareja, controlar los horarios y enfadarse si una novia no te responde; y hay muchas chicas que piensan que si él se enfada es porque no la quiere. Lo llaman relaciones, pero son relaciones con piloto automático machista. No es violencia física o no todavía, pero es control, es presión sexual, es chantaje emocional, es el inicio de una cadena que todos sabemos dónde puede terminar. Y si no entendemos cómo empieza, jamás podremos evitar cómo acaba. Y por eso quiero hablarles también a ellos, a los chicos, a esa parte de la juventud que vive hoy atrapada entre un discurso reaccionario que les promete poder y un discurso feminista que no siempre les explica qué lugar pueden ocupar. Tenemos que ofrecerles un modelo alternativo de masculinidad, que no venga de los gurús de Internet, un modelo que no convierta la igualdad en una amenaza, sino en la única forma sostenible de convivencia democrática.»
Fragmento 2 de 3 de esta intervención.