Félix Bolaños GarcíaPSOE
Ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes
«Gracias, señor presidente. Señora Millán y resto de señorías presentes en el hemiciclo, les agradezco el interés por este debate. Señora Millán, desde la primera frase que usted ha pronunciado ya ha empezado diciendo mentiras; desde la primera frase. No ha disimulado usted. Desde el primer momento, su primera frase ha sido una mentira en relación con mi nombramiento y, después, con otro tipo de cuestiones, con reuniones que todos los afectados están desmintiendo. Pero a ustedes, como buen grupo de ultraderecha, que la verdad no les fastidie un discurso. Usted, con sus mentiras y las conclusiones a las que llegue. Mire, me gustaría hablar de cosas importantes para nuestro país. He escuchado su intervención, es la de siempre, incluso con palabras textuales que el señor Gil Lázaro me ha dicho en la sesión de control. Por tanto, si le parece, me gustaría que este debate fuera útil y me gustaría hablar, por ejemplo, de cómo España se puede acercar a los parámetros europeos en distintas materias, pero la que me toca a mí es la reforma de la justicia. Yo sé que a usted los parámetros europeos no le gustan. A usted le gusta más una España encerrada en sí misma, en la que un jefe del Estado no hace ninguna visita a ningún país internacional, a ningún país de fuera. Pero permítame que a mí sí me parezca importante que España se parezca a lo que dice la Comisión Europea, a lo que dice el Consejo de Europa, a lo que dice el Parlamento Europeo. Por eso estamos llevando a cabo la mayor transformación de la justicia en décadas, la mayor; necesaria, imprescindible, para que la nuestra sea una justicia del siglo XXI. Estamos intentando reformar -y esta Cámara, por fin, tiene un Proyecto de Ley de Reforma de la Ley Orgánica de Enjuiciamiento Criminal-, después de 143 años, esa ley. Y fue una buena ley, pero 143 años después se ha quedado obsoleta. La pregunta, después de escucharla, es si a usted le gustaba más la España de 1882 o la de 2025. Me temo que la de 1882, porque sus ideas, desde luego, son más parecidas a las de ese siglo que al actual. Son unas ideas muy decimonónicas, muy reaccionarias, propias de un partido ultraderechista como es al que pertenecen ustedes.»
Fragmento 1 de 8 de esta intervención.