Cayetana Álvarez de Toledo Peralta-RamosPP
Diputada
«Vamos por partes, señor Bolaños, con pedagogía; un tutorial sobre la democracia tutelada. Primero, han intentado tutelar la justicia por todas las vías imaginables. Uno, el control directo. ¿De quién depende el fiscal general? Pues eso. Pues ya está: tutelado o tutelada. Dos, la politización. Hoy mismo anuncia Sánchez: El tiempo pondrá las cosas en su sitio; Cándido 'Tiempo' Pumpido. Los ERE, la amnistía, García Ortiz... ¿pretenden convertir el Constitucional en la sala de indultos del sanchismo? Y tres, los ataques frontales y sibilinos, por el BOE y por las cloacas. ¿Recuerda usted cuando defendía al Supremo de los insultos de sus socios? ¡Qué tiempos aquellos... tan hipócritas! Usted decía, y cito: Me parece intolerable cualquier señalamiento, venga de donde venga. Salvo que venga del banco azul. Incluso llegó a pedir perdón al juez Marchena por las calumnias de la señora Nogueras. Una sugerencia: hágalo de nuevo. Pida perdón al juez Marchena, pero esta vez en nombre propio. Y al instructor Hurtado. Y a los valientes fiscales que se jugaron el cargo frente a su superior jerárquico. Y al teniente coronel Balas. Y también a los otros cuatro magistrados que condenaron al fiscal general y a los que siguen arrastrando por el fango por el simple hecho, el emocionante hecho, de no aceptar más tutela que la ley. (Aplausos). ¿Qué pasa? ¿Que cuando condenan por Gürtel son imparciales y, si no, prevaricadores? Sí, pídales perdón como se pide perdón en política: presentando su dimisión. Sí, señor Bolaños, su dimisión, en aplicación de los propios estándares de ejemplaridad con los que echaron al PP del poder. (Aplausos). Porque nadie, a excepción del señor Sánchez, ha defendido con tanto ahínco al delincuente Ortiz cuando ya había sido declarado inidóneo, cuando tenía dos condenas por desviación de poder. Nadie ha proclamado tantas veces y con menos motivo su inocencia, incluso después de la sentencia. Un hombre elegante -ha dicho-, un defensor de la verdad. Claro, por eso destruyó pruebas el mismo día de su imputación -qué pena, ¿no?-, pudiendo con ellas demostrar su inocencia.»
Fragmento 3 de 6 de esta intervención.