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29N · faltan 24 días

Luisa Sanz MartínezPSOE

Diputada

«No nos engañemos, señorías, la inteligencia artificial no es un producto o una herramienta más, algunos incluso la consideran ya una infraestructura lógica, y es increíblemente potente. Si sus señorías me lo permiten, haré uso de mi bagaje como profesora para poner un ejemplo muy simple, pero que espero sea ilustrativo. La inteligencia artificial es comparable a la energía nuclear en cuanto a que tiene una potencia inmensa y, por ello, debe ser tratada con la máxima precaución y transparencia, y también porque, dependiendo de quién y cómo la maneje y para qué fin se utilice, puede causar daños devastadores. Señorías, nuestro deber es proteger de esos daños a todas las personas, con especial atención a los individuos más vulnerables. Por ejemplo, la IA generativa se nutre de ingentes cantidades de información, las procesa y ofrece respuestas que pueden estar plagadas de sesgos y de prejuicios debido a la normalización del corpus de datos de entrenamiento. Estos sesgos podrían causar discriminación en entornos tan importantes como el sanitario, el laboral, el de la contratación de seguros y un largo etcétera. La inteligencia artificial debe ser capaz de recoger la complejidad de una sociedad en la que la diversidad no es ni debe ser un determinante de menoscabo de derechos y libertades por ninguna razón. Pero no nos centremos únicamente en los peligros, porque la IA también puede ser utilizada como un gran aliado desde un enfoque humanista que se centre en ayudar, potenciar y hacer brillar a las personas que la utilicen, y las personas que cuentan con algún tipo de discapacidad, ya sea física, sensorial o cognitiva, tienen el mismo derecho que el resto a aprovechar estos beneficios para mejorar su vida y su autonomía personal.»

Fragmento 3 de 4 de esta intervención.

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