Datos INE

29N · faltan 25 días

Jordi Salvador i DuchERC

Diputado

«Pero también tenemos que decir la verdad. Esta propuesta se queda corta, sobre todo viniendo de un partido que gobierna y que puede hacer inmediatamente lo que haga falta porque tendría los votos suficientes en temas como este. ¿De qué estamos hablando? Imaginemos tres cosas sencillas, para que entendamos de qué hablamos. Una web de un servicio público solo puede utilizar un ratón y pequeñas ventanas; una persona con discapacidad visual no podría entrar, por ejemplo. Un sistema automático escoge currículums y elimina sin querer, por ejemplo, a personas que han trabajado menos años porque han tenido una discapacidad desde siempre o de golpe; también es discriminación, pero disfrazada de neutralidad. Una aplicación municipal de emergencia no accesible a lenguaje sencillo para las personas con discapacidad intelectual; estas quedan desprotegidas. De eso estamos hablando, de derechos humanos en versión digital, y por eso decimos que no es suficiente tener buenas palabras en una proposición no de ley. No es suficiente, necesitamos cosas muy muy claras, y vamos a mencionar tres para no mencionar más. La primera es que hacen falta leyes, no solo declaraciones. Si una Administración o una empresa utiliza la inteligencia artificial para excluir a personas con discapacidad tiene que ser obligatorio corregirlo y tiene que poderse sancionar si hace falta, porque si no, no sirve de nada. Las buenas intenciones se quedan en nada, desafortunadamente. La segunda es 'nada sobre nosotros sin nosotros', que es uno de los lemas del movimiento de discapacitados, y nos gusta decirlo. Nada sin nosotros. ¿Qué quiere decir esto? Que no podemos diseñar aplicaciones, webs o algoritmos sin sentarnos a la mesa con las personas que van a sufrir sus consecuencias. Si diseñamos una ciudad sin rampas, la culpa no es de quien va en silla de ruedas. Pues con la inteligencia artificial pasa lo mismo: si no hay rampas digitales, si no hay accesibilidad el problema no es la discapacidad, es el sistema. La tercera es la transparencia y el control público. Cuando un algoritmo decide algo importante sobre tu vida -una prestación, una ayuda, una cita médica- no puede ser una caja negra. La ciudadanía tiene que poder saber qué herramienta utilizas, con qué datos y con qué criterios, y la Administración tiene que poder decir: Este sistema discrimina, lo vamos a parar, lo vamos a revisar, lo corregiremos y, si acaso, lo vamos a sancionar.»

Fragmento 4 de 5 de esta intervención.

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