Rafael Cofiño FernándezSumar
Diputado
«Hay muchísimo ruido, la verdad. Tengo un problema de audición y me cuesta mucho porque tengo un pitido si hay un ruido. (Pausa). Muchas gracias. El proyecto de ley de discapacidad y de modificación de las líneas de dependencia de discapacidad incluye en la disposición adicional decimoséptima un apartado en este sentido: 'La promoción de la igualdad de oportunidades y no discriminación de las personas con discapacidad ante los efectos de los sistemas de inteligencia artificial'. Entendemos que esta iniciativa es un buen complemento a la propuesta legislativa de 'consolidar en un enfoque de derechos en el despliegue de la inteligencia artificial'. Pensamos que la inteligencia artificial puede ser una buena herramienta para la autonomía, la comunicación o el aprendizaje de las personas con discapacidad, pero ese potencial solo se materializa si existen garantías sólidas que aseguren que los algoritmos no excluyan, no discriminen y no invisibilicen. La regulación de la inteligencia artificial es fundamental no solamente en personas con discapacidad, y en esta Cámara se está trabajando en otros ámbitos. Hoy, en la Comisión Mixta de Seguridad Nacional, hubo un dictamen sobre los riesgos en el ciberespacio de la inteligencia artificial; en la ley de protección de menores en entornos digitales se trabajará también la inteligencia artificial, y, más allá de la población, es algo fundamental para nuestra democracia, como muy bien menciona Yuval Noah Harari en su imprescindible Nexus, y cito: 'La democracia resultó imposible debido a que las tecnologías de la información existentes no eran lo bastante refinadas como para mantener una conversación política a gran escala. Millones de personas repartidas por decenas de miles de kilómetros cuadrados no contaban con las herramientas necesarias para entablar un debate sobre asuntos públicos en tiempo real. Ahora, por irónico que parezca, la democracia podría volver a ser imposible debido a que la tecnología de la información se está sofisticando demasiado. Si unos algoritmos ininteligibles se apoderan de la conversación y, en concreto, desbaratan los argumentos razonados y fomentan el odio y la confusión, no se podrá mantener el debate público' -y termina Harari-, 'pero, si las democracias acaban por desmoronarse, lo más probable es que no sea a causa de ningún tipo de determinismo tecnológico, sino de un fracaso humano a la hora de regular con sensatez las nuevas tecnologías'. Por ello, insistimos en nuestro compromiso político de que no podemos dejar a nadie atrás. Muchas gracias. (Aplausos).»
Fragmento 3 de 3 de esta intervención.