Marta Madrenas i MirJunts
Diputada
«Empecemos por lo que para nosotros es esencial y que algunos evitan decir con claridad: el régimen de Maduro ha sido una dictadura que ha dejado a millones de personas abocadas al exilio, cientos de presos políticos, elecciones manipuladas, represión sistemática y una economía devastada, hasta el punto de que el pueblo ha quedado absolutamente desamparado. Esta afirmación no es una opinión, es una realidad contrastada. No me mostraré ambigua tampoco diciendo que existen dictaduras de izquierdas también. Olvidar es una forma de deshumanizar a las víctimas, de dejar la moral. No es casual ver cómo los venezolanos en Cataluña no lamentan la caída del régimen, sino que la bendicen, porque su sufrimiento ha sido enorme. Venezuela no es una abstracción geopolítica. Hablamos de vidas concretas y eso nos obliga ahora a reafirmar nuestra solidaridad y a expresar nuestro apoyo al pueblo venezolano. Dicho eso, el debate de hoy no solo trata de lo que ha ocurrido, sino también de cómo ha ocurrido. La actuación del Gobierno Trump ha vulnerado los principios básicos del derecho internacional, como la prohibición del uso unilateral de la fuerza o el marco multilateral como espacio de resolución de conflictos. No ha habido mandato compartido y no ha habido un procedimiento colectivo; ha habido una demostración de fuerza, y eso nos tiene que interpelar. Cuando hablamos de derecho internacional hay que hacerlo con datos. No es perfecto, pues sus herramientas son limitadas, lentas e insuficientes para responder al sufrimiento inmediato, y negarlo sería infantilizar el debate. El derecho internacional falla porque, entre otras cosas, depende de los mismos Estados que después lo vulneran, porque no dispone de mecanismos coercitivos suficientes y porque con demasiada frecuencia se aplica un doble rasero. Esta debilidad mina, por supuesto, la fuerza de las normas comunes, pero constatarlo no debe servir para debilitar las normas, sino para reforzarlas, porque, si desaparecen, manda la fuerza y no la justicia, y eso no es una discusión teórica, sino una discusión profundamente humana.»
Fragmento 8 de 12 de esta intervención.