Aina Vidal SáezSumar
Diputada
«Gracias. Vivimos tiempos de inestabilidad, de oportunismo, de violencia y de caída de valores que creíamos fundacionales, y no es una percepción abstracta, es algo real; es un hecho. Enciendes la televisión, la radio o das una vuelta por las redes sociales y este inicio de año ha sido francamente fuerte: ejecuciones de ciudadanos indefensos en Estados Unidos, crímenes de lesa humanidad en Irán, secuestros de presidentes, la Unión Europea silbando -da igual cuando leas esto-, accidentes mortales de tren, hombres soñando con levantar resorts sobre las cenizas de miles de gazatíes asesinados o los efectos de un cambio climático cada vez más feroz. Vivimos en un mundo donde vuelven proyectos autoritarios y ultracapitalistas que permiten y dan alas a aprovechados, especuladores, defraudadores, chiflados y violentos para hacer lo que les apetezca o, mejor dicho, lo que más les convenga. Y normalizar es aceptar. Normalizar es bajar la cabeza, ponerles una moqueta roja, es quitar gravedad al asunto. ¿Podemos normalizar la violencia y el racismo institucional que suponen que un alcalde deje debajo de un puente a 400 personas porque son pobres y negras? ¿O los miles de muertes en el Mediterráneo? La extrema derecha dibuja un mundo donde los derechos humanos y el derecho internacional son papel mojado. Los conflictos se acumulan y cada vez resulta mucho más difícil imaginar un futuro próximo simplemente amable. Y, mientras, el día a día de cualquiera te pasa por encima porque no te da la vida. Esta inquietud social entra en casa. Se acentúa cuando sube el alquiler, cuando la factura pesa, cuando los servicios públicos van al límite. Hay mucha gente que siente que hace todo lo que se supone que tiene que hacer y, aun así, vive con la preocupación de que no sea suficiente o de que todo pueda ir para atrás. Y en este contexto no faltan quienes utilizan y fomentan el malestar, el insulto, para dividir, para generar cortinas de humo y así ocultar el robo a las arcas públicas que supone la exención, por ejemplo, del impuesto de sociedades. ¿Vamos a permitir que Quirón o Ribera Salud se sigan forrando a costa de nuestra salud y de la sanidad pública? ¿Podemos siquiera normalizar no poder pagar una habitación para vivir? ¿Podemos aceptar que le corten la luz a una familia vulnerable o que desahucien a personas sin ninguna alternativa habitacional? ¿Podemos aceptar eso? La respuesta por parte del Partido Popular es clara y la Cañada Real, desgraciadamente, es un muy buen ejemplo de ello, pero es inadmisible.»
Fragmento 1 de 4 de esta intervención.