Teresa Jordà i RouraERC
Diputada
«En Esquerra Republicana lo decimos sin ambages: si el Senado es una Cámara territorial -no lo vamos a debatir hoy aquí-, debe representar a los territorios como son ahora y no como lo eran hace medio siglo. Esta es una reforma que no rompe nada; de hecho, ni siquiera araña la intocable unidad de España que algunos defienden más con el estómago -si me lo permiten- que con el cerebro. Es una reforma que tampoco resta derechos a nadie, al contrario; es una reforma que añade democracia. No debería hacerse, pero lo lanzo: no sé si alguien en este hemiciclo tiene miedo de adquirir más democracia. Me lo pregunto. Me temo que a algunos, los mismos que tampoco deben de entenderme porque no me escuchan, les da un poco de miedo la democracia. Quiero ir un poco más allá, porque este es un debate que interpela al conjunto de los países catalanes. Los países catalanes también son una realidad conceptual que a muchos les hace explotar las neuronas. Interpela una manera de entender el Estado basada en la uniformización y en el centralismo, una forma de hacer que incomoda profundamente cuando los pueblos pequeños, los pueblos insulares, los pueblos catalanoparlantes alzamos la voz y reclamamos ser tratados como sujetos políticos completos. Es un concepto que no debería asustar a nadie en una democracia plena, y esa es la cuestión. Formentera habla en catalán, Formentera también piensa en catalán, Formentera forma parte de un espacio cultural, lingüístico y nacional, y esto, señorías, no se puede ignorar. No es casualidad -voy acabando, presidenta- que la disposición final de esta reforma establezca también que el texto se publique en todas las lenguas del Estado. Creo que eso también es bueno destacarlo. No es un detalle menor; es el reconocimiento de la riqueza y de la diversidad lingüística.»
Fragmento 6 de 7 de esta intervención.