29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Inés Granollers CunilleraERC

Diputada

«Así que reducir la velocidad no es solo una cuestión normativa, es una cuestión de vida y es una cuestión de justicia, porque quien más sufre las consecuencias de la inseguridad viaria no es quien más corre, sino quien está más expuesto. En este sentido, reconocemos que esta iniciativa va en la buena dirección. Reducir los límites puede tener un efecto disuasorio, pero, señorías, tenemos que decirlo claro: no hay bastante con el Código Penal, porque el riesgo es evidente. Pensamos que con una reforma penal resolveremos el problema, pero no es cierto, porque el problema es un problema estructural y la seguridad viaria no se construye solo con sanciones, no se construye solo con un castigo; se construye con políticas públicas integrales. Y hablamos de infraestructuras seguras; hablamos de calles pensadas durante décadas para priorizar el vehículo privado; hablamos de la falta de transporte público eficiente, especialmente fuera de las grandes áreas urbanas; hablamos de desigualdades territoriales que obligan a mucha gente a coger el coche cada día. Por eso, desde una perspectiva de izquierdas, creemos que esta reforma debería ir acompañada de cuatro grandes ejes. Primero, prevención y educación. Hay que reforzar la seguridad viaria desde la base, invertir en formación, en campañas de concienciación y en responsabilidad colectiva. Segundo, el urbanismo y las infraestructuras necesitan ciudades y pueblos más seguros: zonas 30 reales, pacificación del tráfico, carriles bicicleta protegidos, entornos escolares seguros, porque cuando el diseño es seguro, la velocidad baja por sí sola. Tercer punto, alternativas al vehículo privado. Sin transporte público digno accesible y bien conectado, exigimos responsabilidad individual sin ofrecer alternativas colectivas. Y cuarto punto, importante, terminar con la precariedad de los conductores profesionales, como las furgonetas de la última milla, los riders, con demasiadas horas contrarreloj, mal pagadas, con presión para entregar ese paquete que no puede llegar un minuto más tarde, cuando a veces su vida está en juego y la vida también de las personas que pasan en ese momento por la calle.»

Fragmento 5 de 7 de esta intervención.

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