Lander Martínez HierroSumar
Diputado
«Señorías, hoy debatimos sobre la industria siderúrgica; un sector que es estratégico, pero también un sector que está en plena transformación. Yo creo que conviene ser claros desde el principio: no estamos solo ante un problema de costes; estamos ante un cambio de modelo. Un modelo que tiene que responder a tres retos a la vez: competitividad, transición ecológica y cohesión territorial. Si fallamos en alguno de ellos, fallamos en todos. Es evidente que el sector atraviesa un momento difícil. El incremento de costes energéticos está afectando de forma directa a la industria electrointensiva. Las tensiones internacionales encarecen el gas, el transporte, la logística y las materias primas. La competencia global sigue siendo intensa y, en ocasiones, desigual. Y eso exige respuesta. En este sentido, hay ciertas medidas que es cierto que van en la buena dirección. Por ejemplo, los mecanismos de apoyo a la industria electrointensiva, que permiten reducir los peajes eléctricos, son herramientas útiles, ya activadas, que ayudan a aliviar costes en momentos de tensión y que deben evaluarse y mantenerse mientras sean necesarias. Pero también es importante reforzar el marco europeo, avanzar en el ajuste de frontera por carbono, mejorar los instrumentos de defensa comercial y evitar que la descarbonización acabe penalizando a quienes producen en Europa. Y aquí podemos compartir cierto terreno, pero el debate no puede quedarse en eso. Porque si reducimos la política industrial a una suma de rebajas de costes, nos estamos quedando en la superficie del problema. Y hay decisiones que no van en la buena dirección, hay propuestas que no van en la buena dirección. Por ejemplo, plantear la eliminación permanente de impuestos como el de la generación eléctrica no es una medida neutra. Tiene un impacto relevante en los ingresos públicos y en la sostenibilidad del sistema eléctrico. Y, sobre todo, lanza una señal equivocada. Porque la transición energética necesita inversión pública, necesita estabilidad regulatoria y necesita recursos. Y no se puede construir un sistema energético limpio debilitando sus propios fundamentos financieros. Por eso, el debate sobre la fiscalidad energética tiene que ser serio, equilibrado y responsable. No se trata de eliminar instrumentos sin más, sino de evaluar su impacto y su función dentro del conjunto del sistema.»
Fragmento 1 de 3 de esta intervención.