Irene Garrido ValenzuelaPP
Diputada
«Este es el problema, porque el real decreto ley no incluye decisiones que tendrían un impacto real e inmediato en la economía de las familias. No hay una adaptación del IRPF a la inflación que incluya los tres primeros tramos, los mínimos personales y que duplique los mínimos por descendientes para ayudar más a las familias con hijos. Es necesario devolver parte del esfuerzo fiscal realizado por las familias españolas en los últimos años e impedir que paguen más sin haber ganado más. En su lugar, el Gobierno vuelve a recurrir a su esquema tradicional: medidas parciales, muchas de ellas diferidas, combinadas con instrumentos financieros que trasladan el problema hacia adelante, pero que no resuelven el presente. Se actúa tarde y con una intensidad claramente insuficiente. Ahora bien, si el contenido del real decreto resulta limitado, como estoy demostrando, la forma en que se ha aprobado es aún más reveladora. Lo que ocurrió en el Consejo de Ministros el pasado viernes solo podemos calificarlo de esperpento. (Aplausos). Ha sido una ópera bufa, impropia de una democracia seria. Fue un Consejo de Ministros que ni siquiera pudo arrancar porque parte del Gobierno no quería sentarse mientras no se atendiesen sus exigencias, y que obligó a la negociación a última hora y que nada tenía que ver con la urgencia económica que realmente tenían que abordar. El resultado fue una solución improvisada: dividir la respuesta en dos reales decretos, el 7 y el 8, y no por razones de coherencia, sino para tapar una crisis interna. Lo más preocupante, además del drama vivido, ha sido cómo lo despachó el presidente Sánchez, calificándolo de salseo. Señorías, lo que Sánchez llama salseo es, en realidad, un Gobierno bloqueado ante una crisis económica. (Aplausos). Y todo esto ocurre porque el presidente no puede ejercer como tal. Es el primer caso en el que un presidente del Gobierno no puede cesar a sus ministros, porque sabe que, si destituye a los rebeldes de SUMAR que le plantaron cara y quisieron desafiarlo, arriesga su propia continuidad. Ni nombró ministros ni puede cesarlos. Es un presidente capaz de todo menos de irse. Es capaz de llevar tres años sin presentar presupuestos generales del Estado, tres años en abierta rebeldía constitucional, incumpliendo de forma consciente y reiterada una de las obligaciones más básicas y despreciando a esta Cámara y a todos los españoles. (Aplausos).»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.