Marta Madrenas i MirJunts
Diputada
«La verdad es que todo al final es irónico, porque esta ley no dice nada, absolutamente nada, del origen de nadie. No hay ni una sola línea que haga distinciones por procedencia o identidad. Ni una. Aun así, algunos han decidido ver eso en ella. Es sorprendente, absolutamente sorprendente. Cuando alguien ve racismo en un texto que no contiene ni una sola letra de ello, quizás el problema no es del texto, sino de su mirada llena de prejuicios. Nosotros no hablamos de orígenes, ni hemos entrado en ese debate. Hablamos de conductas, conductas delictivas y reiteradas sea quien sea quien las ha cometido. Pero algunos necesitan traer eso aquí porque es más fácil acusar en vacío repetidamente con sus mantras en lugar de argumentar, asumir con responsabilidad. La complejidad ha desaparecido de sus parámetros. Prefieren reducciones simplistas, narraciones emotivas que desplazan cualquier criterio racional. Mientras tanto, la realidad sigue. Se puede delinquir una vez y otra: un día un móvil, el otro un patinete y otro algo de un pagés y no pasa nada. Los jueces no tienen las herramientas que necesitan; por tanto, no hay consecuencias, no hay límites, solo hay impunidad. Eso tiene efectos muy reales. Y sí, la gente lo sabe, la gente lo sabe. Quizás algunos de ustedes quieren hacer ver que no pasa nada, pero la gente lo ve: gente mayor con miedo a salir a la calle, a sacar dinero, los estafan con llamadas que se hacen pasar por el banco, payeses que pierden sus posesiones, gente que sale con el móvil y vuelve a casa sin él, un sistema que no responde. Algunos de ustedes deberían tocar más la calle y salir del debate teórico. Les recomiendo que hablen con sus alcaldes, algunos estaban aquí. Son los que tienen que dar la cara ante sus vecinos porque son nuestros alcaldes los que reciben las quejas y escuchan los miedos, los temores y no pueden dar ninguna respuesta. Pregúntenles si eso es un debate ideológico o artificial o si necesitan herramientas reales para poder afrontar un problema que es muy real. Porque cuando se baja a la calle, cuando se tiene que responder a la gente, las tonterías y los debates estériles se acaban rápido.»
Fragmento 6 de 8 de esta intervención.