Juan José Aizcorbe TorraVox
Diputado
«Muchas gracias, señor presidente. Permítanme comenzar con un reconocimiento sincero. A lo largo de la tramitación de este proyecto de ley he tenido ocasión de reunirme, dialogar y, en no pocas ocasiones, discrepar de responsables de muy diversas entidades de la economía social. A algunos de ellos los veo aquí y algunos de ellos, estando aquí, no me ven. A todos de ellos quiero trasladarles mi respeto por su trabajo, por su compromiso y por la convicción con la que sostienen modelos que consideran útiles para la sociedad. (Aplausos.-La señora presidenta ocupa la Presidencia). Porque si algo define a la economía social en su origen es una realidad: la capacidad de las personas y de las comunidades naturales para organizarse y construir algo que trasciende. Las grandes obras de la humanidad nacen de esa conciencia. Pensemos en las grandes catedrales. Quienes colocaban esa primera piedra sabían probablemente que no verían la obra terminada, pero tenían la certeza de estar participando en algo grande que merecía la pena y que trascendía a ellos mismos. Ese debe ser el verdadero punto de partida de la economía social. Nace de la necesidad, de la solidaridad, de la previsión compartida, de las mutualidades, de las cooperativas, de formas de ayuda recíproca que preceden incluso al Estado social. Nace de abajo arriba, pegada al terreno, a la vida real, de la convivencia misma y de la conciencia de que juntos se resuelve mejor lo que en ocasiones individualmente sería imposible. (Aplausos). Con el tiempo, sin embargo, se ha ido transformando, institucionalizando y, en ocasiones, desnaturalizando. Ahí surge una preocupación legítima: cuando aquello que nace de forma espontánea empieza a ser encauzado y dirigido desde instancias ajenas -y especialmente desde el Estado- corre el riesgo de perder su sentido original. Cuando se introducen capas de regulación y de burocracia con orientación ideológica, que no responden a esa lógica natural, conviene preguntarse si estamos fortaleciendo estas realidades o alejándolas de aquello que les dio origen.»
Fragmento 1 de 4 de esta intervención.