Vicenç Vidal MatasSumar
Diputado
«La insularidad es un hecho físico, incambiable, que marca a diario nuestra vida. La insularidad hace que estemos rodeados de mar, que puede parecer muy romántico, pero, evidentemente, genera unos efectos. Tenemos un arancel en la frontera de un 13 % para la entrada de productos. Imagínense ustedes una frontera aquí en la M-30 por la que no se pudiera pasar nada si no se pagara el 13 % de arancel: haría tiempo que ya se hubieran tomado medidas. O, evidentemente, respecto a un terreno tan finito como es una isla y la demanda de vivienda, limitada en todos los mercados europeos, hoy en día resulta una aventura imposible conseguir una en las Islas Baleares. Insularidad significa vivir condenados a modelos turísticos de monocultivo, y no porque no tengamos otras habilidades, no porque no haya emprendedores en las Islas Baleares, sino por los sobrecostes que tenemos de producción e inversión. Hablar de insularidad significa depender de los puertos y los aeropuertos, significa que a veces AENA piensa más en hacer negocio con los turistas que en los residentes y en nuestras necesidades de movilidad. Esto es lo que significa hablar de insularidad, y además que los servicios públicos son más caros. Si aquí decimos que todos debemos tener igualdad de derechos, hemos de tener unos buenos servicios públicos, una buena educación, una sanidad pública, una justicia que a todos debe satisfacer y a todos debe tratarnos por igual. Pero esto explíquenselo a un ciudadano de Formentera cuando tiene que ir a los juzgados a Ibiza o, por ejemplo, a los familiares que tienen que tomar un helicóptero para ir a ver a sus enfermos o personas que han padecido un accidente. Evidentemente, todo esto significa insularidad, insularidad doble y triple en algunos casos.»
Fragmento 5 de 6 de esta intervención.