Esther Gil de Reboleño LastortresSumar
Diputada
«Gracias, presidenta. Señorías, hoy, 14 de abril, Día de la República, subo a esta tribuna para hablar de una de las deudas más dolorosas y silenciadas de esta democracia: las víctimas del Patronato de Protección a la Mujer, y quiero dirigirme especialmente a los jóvenes, a quienes pueden pensar que todo esto ocurrió hace demasiado tiempo y que no importa. Pues bien, sí importa y mucho. Importa porque el Patronato de Protección a la Mujer no fue una anécdota del pasado, fue una estructura de violencia organizada contra mujeres, niñas y adolescentes. Fue una institución creada para vigilar sus cuerpos, para castigar su libertad y domesticar sus vidas, y lo hizo en nombre de una moral autoritaria, patriarcal y profundamente reaccionaria. El Patronato de Protección a la Mujer fue, ya desde su nombre, una cruel ironía. No protegía a las mujeres, las reprimía. Bajo el rótulo de protección, el régimen franquista desplegó un sistema de control moral y social diseñado para castigar a cualquier mujer que se saltara el modelo de sumisión impuesto por el nacionalcatolicismo. Hablamos de miles de niñas, adolescentes y mujeres jóvenes internadas sin juicios, sin abogados, sin garantías y sin derecho a la defensa. ¿Y cuál fue su delito? Pues su delito simplemente fue ser pobres, ser hijas de republicanos, querer emanciparse, quedarse embarazadas fuera del matrimonio, no obedecer o no encajar en la moral asfixiante de una dictadura profundamente misógina. Es hora de llamar a las cosas por su nombre: aquello fue violencia fascista e institucional contra las mujeres. En aquellos centros, muchos gestionados por entidades religiosas con la complicidad del Estado, hubo malos tratos físicos y psicológicos, humillaciones, castigos, trabajos forzados y condiciones de vida indignas, y hubo mujeres a las que incluso se les arrebató su maternidad, mujeres a las que se les robó no solo su libertad y su juventud, sino también a sus hijos e hijas bajo mentiras, coacciones o silencios que todavía hoy siguen intentando reconstruir.»
Fragmento 1 de 3 de esta intervención.