Manuel Cobo VegaPP
Diputado
«En España, en el siglo XX, además de todos los casos que la izquierda ha contado -y alguno más que no ha contado- solo de un signo, ha habido también quema de libros, ha habido persecución durante mucho tiempo. Les citaré algunos casos, porque su memoria no sé si es democrática, pero manipuladora sí es. Antes del golpe de Estado, el 13 de mayo de 1931, quema de conventos y también de muchas bibliotecas. Por ejemplo, la que era considerada segunda mejor biblioteca de España, la de los jesuitas, situada en la calle Isabel la Católica, esquina Flor Baja: 80 000 volúmenes, entre otros, incunables de Quevedo, Lope de Vega y Calderón de la Barca. Se ha citado antes por el portavoz de VOX la Revolución de Asturias: 100 000 ejemplares de la Universidad de Oviedo reunidos desde su origen en 1608. Y escuchen esta, que es muy posterior, es en la Transición. En su desmemoria sectaria -y nadie lo ha citado-, no están, entre otros, las numerosas librerías que quemó ETA, ni el recuerdo y homenaje a los tres vendedores de libros y a los dos kiosqueros asesinados por ETA, uno de ellos, compañero y concejal del Partido Popular en el País Vasco. (Aplausos). El fanatismo ideológico de intentar destruir el pensamiento de los que tienen ideas distintas quemando sus libros merece nuestra rotunda condena. Pero todavía más grave que quemar sus libros es quemar y asesinar a los autores. Y fueron muchos los españoles quemados por sus ideas: Federico García Lorca, Pedro Muñoz Seca, Blas Infante, Ramiro de Maeztu y tantos otros. Pero si hay un libro que ha causado más muertes que ningún otro en aquella España es la Biblia. Se persiguió y asesinó a miles de personas por leer ese libro. El anticlericalismo se recrudeció tras la proclamación de la Segunda República. Hoy es 14 de abril. La violencia contra los curas, monjas y seglares no tuvo precedentes.»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.