Txema Guijarro GarcíaSumar
Diputado
«Gracias, presidenta. Decía que esta moción presenta un argumento de fondo contundente: aquel que apela a la caducidad del tiempo objetivo, al hecho de que apenas una quinta parte del cuerpo electoral español actual tuvo la ocasión de manifestarse políticamente, allá por el año 1986, sobre la pertenencia de nuestro país a la OTAN, así como sobre el establecimiento y uso de bases militares norteamericanas en nuestro territorio. Efectivamente, cuarenta años después de tan señalada fecha, las cosas han cambiado mucho -yo diría que de manera extraordinaria- y por eso no solo podemos apelar a ese tiempo objetivo transcurrido, sino que debemos hacerlo también, y sobre todo, al tiempo histórico, a los episodios que han moldeado decisivamente la política de defensa y de seguridad de nuestro continente en todo este tiempo. A nuestro modo de ver, ha habido básicamente dos momentos definitorios. El primero de ellos comprende la caída del bloque soviético, la desintegración subsiguiente del Pacto de Varsovia y la expansión de la Alianza, cada vez más lejos del eje atlántico, sobre el que se supone que pivotaba hacia la Europa oriental. La transfiguración completa del orden establecido en nuestro continente tras la Segunda Guerra Mundial quedó así nuevamente dislocada -por decirlo de alguna manera- en la medida en que la integración político-económica de los países del Este quedó en manos de Bruselas, mientras que su integración en la estructura de defensa y de seguridad continental se diseñó en los despachos del Departamento de Estado y del Pentágono en Washington. Es decir, muy lejos de aquí. (Rumores). Demasiado lejos como para compartir una misma perspectiva sobre los riesgos y las amenazas reales que enfrentamos. En todo caso, fue así como el hermano mayor norteamericano fue expandiendo el club. (Continúan los rumores). Es que no me oigo.»