Gerardo Pisarello PradosSumar
Diputado
«Como podemos ver, hoy es uno de esos días en los que se pone a prueba el tipo de democracia que somos y el grado de humanidad que somos capaces de exhibir como sociedad. La verdad es que es difícil llamar democracia plena a una democracia que no sea capaz de hacer efectivo el derecho a la vivienda y de penalizar la especulación porque cede al chantaje de una minoría rica, a la que le importa un bledo la vida de las clases trabajadoras. Es difícil llamar humanista a una sociedad que tolera que millones queden en la calle porque un puñado de especuladores desalmados quieran cobrar mil euros por un zulo de veinticinco metros cuadrados. La propuesta de prorrogar dos años los contratos de alquiler no va, como se ha dicho aquí, de inquilinos contra propietarios entrañables con un pequeño piso que temen no poder complementar sus pensiones. Va de buitres voraces que tienen nombre, se llaman Cerberus, Blackstone y Banco Santander, y que solo están obsesionados por subir los alquileres para vender por 600 000 dólares los pisos que compraron a 200 000 un año atrás. A veces también va de particulares, como los famosos inversores alemanes Cesar y Josef, que tienen 2600 viviendas en toda España y no quieren prórrogas porque lo único que les interesa es obtener más renta sin mover un dedo. Por eso aquí, señorías, vamos a tener que retratarnos: o se está con las familias inquilinas o se trabaja para la minoría impúdica que querría succionarles hasta la última gota de sangre.»
Fragmento 1 de 6 de esta intervención.