Ana María del Carmen Redondo GarcíaPSOE
Ministra de Igualdad
«Señorías, el reconocimiento de la libertad de las mujeres a ejercer su maternidad no nace en esta reforma, por supuesto, pues es heredera de la lucha del movimiento feminista, de la perseverancia de generaciones de mujeres que defendieron su libertad en contextos en los que ni siquiera estaba reconocida, de quienes abrieron camino cuando no había caminos, de quienes los consolidaron cuando aún eran frágiles y de quienes los defienden cuando se intentan retrocesos. Esta misma semana se homenajeaba aquí cerca a Carlota Bustelo, diputada en esta Cámara durante las Cortes Constituyentes. Desde esta misma tribuna, en el año 1978, ella defendió la legalidad de los anticonceptivos. Lo hizo en un momento en el que hablar de estos derechos suponía cuestionar inercias profundamente arraigadas, en el que la autonomía de las mujeres sobre su propio cuerpo ni siquiera formaba parte del debate público, y en el que dar ese paso exigía convicción profunda, claridad y determinación política. Carlota representa hoy a una generación de mujeres que entendió que la libertad no podía construirse dejando fuera el cuerpo de las mujeres, y que la libertad y la dignidad de la mitad de la población merecía la pena. (Aplausos). Aquel impulso no fue un gesto aislado, sino parte de un proceso más amplio de apertura democrática y de reconocimiento de libertades que hasta entonces habían sido negadas a las mujeres. Permitió empezar a situar los derechos sexuales y reproductivos en el lugar que les correspondía, dentro de nuestro sistema de derechos, dentro de nuestra calidad democrática. Su valentía no solo fue admirable, sino que también fue determinante para abrir una senda de libertad que hoy seguimos recorriendo. Como ella, muchas mujeres sostuvieron la conquista de los derechos sexuales y reproductivos en nuestro país con su compromiso y, en muchas ocasiones también, con un enorme coste personal. Fueron mujeres que se organizaron, que alzaron la voz cuando no era fácil y que defendieron la libertad frente al estigma. Gracias a ellas, hoy podemos hablar de nuestro derecho a decidir sobre nosotras mismas, sobre nuestro cuerpo y sobre nuestros proyectos de vida; también del derecho a interrumpir voluntariamente nuestro embarazo como una expresión irrenunciable de autonomía, de dignidad y de igualdad. Este recorrido tiene hitos claros, desde la ley de 1985 hasta la ley de 2010, pasando por la última reforma de 2023, pero también -y más importante- tiene una dimensión social que va de las calles a las instituciones, de la movilización cívica a la acción legislativa, y desde el tren de la libertad hasta esta tribuna. En ese tren de la libertad, miles de mujeres y hombres llegados de todas partes fueron indispensables para el avance. Alzaron fuertemente su voz para gritar que ni un paso atrás en nuestros derechos. Fueron un latido compartido, una memoria viva de quienes habían luchado antes y una promesa hacia quienes vendrían después. Aquel movimiento llevaba consigo convicción, coraje y una certeza profunda de que los derechos de las mujeres no se negocian, no se recortan y no se someten a retrocesos, porque cada conquista lleva detrás una historia de lucha y cada intento de retroceso encontrará siempre una respuesta colectiva. (Aplausos). Señorías, en cada momento se han producido avances adaptados a las necesidades de una sociedad en permanente transformación. Esta es una apuesta de todas y de todos por la igualdad y la libertad.»
Fragmento 7 de 10 de esta intervención.