29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Joaquín Robles LópezVox

Diputado

«No debería reformarse la Constitución de tal forma que se vulneren, sin decirlo, derechos claramente preferentes cuya infracción supone la destrucción del sistema de derechos fundamentales que debe ser respetado, o cuando menos, como decíamos, atrévanse a tramitarlo por el procedimiento del artículo 168. Sin embargo, en la exposición de motivos se vincula el derecho al aborto con el artículo 43, que reconoce el derecho a la protección de la salud. Ahora resulta que abortar es una cosa saludable. Recomiéndeles a las mujeres que aborten cada mes, porque es muy saludable. (La señora ministra de Igualdad, Redondo García, pronuncia palabras que no se perciben.-Rumores). Claro, es tremendo. Se ordena a los poderes públicos organizar la sanidad y fomentar la educación sanitaria y el deporte, esto es lo que dice el artículo 43. La innecesaria especificación de una determinada práctica médica, ya incluida bajo la norma general de proteger la salud, no tiene más alcance que si propusiera usted incluir en este artículo el derecho constitucional a ser operado de apendicitis. (Aplausos). Es decir, una cosa ridícula e innecesaria, si evacuamos el interés puramente electoralista de esta pretendida reforma. Ridícula porque es absurdo especificar cualesquiera prácticas sanitarias incluidas en el enunciado general e innecesaria porque nada cambia la realidad a la que se pretende supuestamente blindar con esta chapuza. Pero, en rigor, ustedes quieren incardinar en la Constitución esta especificación para otros efectos prácticos que tienen mucho más que ver, como hemos dicho, con la propaganda sectaria y con la ideología que con la protección real de un supuesto derecho. Con esta reforma constitucional, dicen, España avanza en su necesaria protección frente a dinámicas regresivas. En román paladino, tratan de restringir la futura posibilidad de que se legisle en un sentido ético, moral y político distinto, deslegitimando constitucionalmente dicho sentido, y, de paso, poner una espada de Damocles sobre los médicos a quienes su conciencia moral les impele a no realizar este tipo de prácticas. (Aplausos). Esto es absolutamente contrario al valor superior del pluralismo político reconocido en el punto 1.1 de la Constitución. La pregunta, ya en un terreno puramente práctico, es la siguiente: ¿Y esta modificación del artículo 43, en el improbable supuesto de que contara con tres quintos de los votos de esta Cámara, comporta alguna ventaja para las mujeres? ¿O lo que busca el Gobierno más bien es otra cosa? A nuestro juicio, esta modificación nada añade a la protección de las mujeres. Es un Gobierno que acorta la condena de violadores, devolviéndolos a las calles; que permite la llegada masiva de individuos procedentes de culturas que denigran a la mujer considerándola inferior al varón, a quienes luego regulariza sin mayor problema con nuestra oposición. Por cierto, un diputado del PSOE de la Asamblea regional de Madrid ha dicho que hay que partirle la cara a quienes se opongan a las regularizaciones masivas. Pues mire, aquí le espero picando el mortero, como dicen en mi tierra. (Risas.-Aplausos). Y si no se atreven, ahí tienen a sus amigos de Bildu, que son más proclives a este tipo de actuaciones. Un Gobierno que tiene por aliadas a teocracias en donde a las mujeres se las oculta en cárceles de tela, en calidad de ciudadanos de segunda. Un Gobierno formado por partidos que no han osado mostrar ni un mínimo de empatía con la lucha de estas mujeres por sus derechos civiles inexistentes en estas teocracias. Un Gobierno que fomenta la extensión en nuestra patria de costumbres contrarias a nuestro ordenamiento jurídico y especialmente incompatibles con su impostado feminismo, como el burka, la poligamia, el matrimonio infantil, etcétera, aberraciones que ya se producen en nuestro país. Un Gobierno que perjudica a los españoles, mujeres y hombres por igual, cuando les margina a la hora de ser atendidos en la sanidad pública o en el acceso a ayudas sociales, que ha destrozado la educación pública, convirtiéndola en una institución caduca, meramente asistencial, en donde, además de la viscosa ideología socialdemócrata, difunde unos contenidos elegidos por la comisión islámica o por el Gobierno de Marruecos. (Aplausos). Lo único que les falta a ustedes es poner en la enseñanza pública una asignatura cuyos contenidos sean determinados por sus aliados de Hamás. Es una vergüenza. Un Gobierno que defiende estas cosas no puede ser un aliado de las mujeres españolas, por muchos artículos de la Constitución que pretenda reformar. (Aplausos). Y solo puede perseguir un fin con esta reforma: ocultar su ineficacia y su escandalosa corrupción; colocar un trampantojo ideológico a la triste realidad que los españoles perciben cotidianamente cuando tienen que ir al médico o cuando necesitan ayuda de las instituciones; desviar la atención y practicar lo único que a este Gobierno parece dársele bien, que es la ocultación y la demagogia, aunque para tal fin tenga que violentar el procedimiento legal incurriendo en contradicciones insalvables y colando de matute una reforma que cuestiona un derecho fundamental protegido por la Constitución.»

Fragmento 2 de 4 de esta intervención.

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