Carlos Flores JuberíasVox
Diputado
«Señor ministro, que con esta mochila a cuestas el Congreso de los Diputados -el Congreso, porque del Gobierno no ha venido más que usted; mucho preocuparse por la cuestión de la paz, pero lo han dejado a usted más solo que la una (aplausos)- pierda un día entero haciendo el ganso constituye un insulto a la inteligencia y una ofensa a los ciudadanos. Usted ha comparecido ante este Pleno, señor ministro, con la expresión beatífica de quien se cree poco menos que el ángel de la guarda de cuantos españoles de bien surcan los siete mares o pueblan los cinco continentes. Una grey, la suya, que ahora que con la Ley de Memoria Democrática en la mano su Gobierno se ha puesto a regalar pasaportes a diestro y, sobre todo, a siniestro, no va a hacer sino crecer. He leído que, a modo de avanzadilla, su partido ha mandado al golfo de Paco Salazar a Buenos Aires con el encargo de hacer consultoría, supongo que será más bien fraude electoral. Solo me pregunto si, cuando desde el otro lado del charco empiecen a llegar las denuncias por acoso sexual, también vendrá al Congreso a darnos explicaciones. (Aplausos). Pero de momento, señor ministro, mientras usted baila al ritmo que le tocan sus socios, los españoles de bien siguen indefensos, maltratados y olvidados. Tan indefensos como Adrián Palomino o Ángela Agudo, víctimas ambos de sendos accidentes de circulación en el sudeste asiático y obligados ambos a permanecer convalecientes durante meses hasta que sus familiares y amigos lograron recaudar el dinero necesario para costear su repatriación. Mientras, el Gobierno no solo se cruzaba de brazos -todos nuestros aviones están ocupados, le dijeron desde Defensa-, sino que aprovechaba la desgracia para hacer caja: 135 000 euros en impuestos fue el hachazo de Hacienda. Tan maltratados como Santiago Sánchez, quince meses encerrado en condiciones infrahumanas en la cárcel iraní de Evin por el único crimen de haber fotografiado la tumba de una opositora al régimen de los ayatolás, sin que conste que el señor ministro llamara torturadores a esos con los que tan a menudo se comunica. Tan olvidados como los cerca de veinte españoles e hispanovenezolanos que a 1 de enero de este año permanecían arbitrariamente detenidos en las cárceles de Maduro, la mayoría de ellos sin cargo alguno en su contra y, en muchos casos, sin que su identidad hubiera trascendido por razones de estrategia diplomática y sin que el señor ministro hubiera convocado jamás al Pleno del Congreso para darnos cuenta de su situación. Y es que, señor ministro, el Gobierno solamente se ocupa de sacar de aprietos a los malhechores. Lo han hecho dentro de España. El suyo es el Gobierno que, al amparo de la ley de solo sí es sí, devolvió a las calles a 126 agresores sexuales y redujo significativamente las penas de otros 1233. El suyo es el Gobierno que primero indultó a los líderes del procés -golpistas que trataron de quebrar la unidad de España y quebraron, en efecto, la de Cataluña- y luego, después de sentarse con ellos a negociar la nueva investidura de Sánchez, impulsó una ley de amnistía para poner en la calle a más de trescientos de sus peones, entre ellos energúmenos condenados por atentado contra la autoridad o tenencia de explosivos. El suyo es el Gobierno que el pasado mes de septiembre indultó a los seis de Zaragoza: tres contenedores quemados, cinco coches dañados y seis policías lesionados, y todo ello para impedir por la fuerza una reunión autorizada de un partido legal. El suyo es el Gobierno que el pasado mes de marzo indultó a las seis de La Suiza. Por cierto, señores de Podemos, muy valientes, pero siempre vienen de seis en seis. El suyo es, en fin, el Gobierno que en abril de 2021 indultó a esa madre ejemplar llamada Juana Rivas y en mayo de 2022 lo hizo con su alma gemela María Sevilla, condenadas ambas por un delito de sustracción de menores. Esto confirma, señor ministro, que no hay bajeza imaginable que no concite su aplauso entusiasta. (Aplausos).»
Fragmento 3 de 5 de esta intervención.