Carlos Hernández QueroVox
Diputado
«Ese, desde luego, no es el país que conocimos; es un país extraño, ajeno, arisco, desagradable. Heredaron ustedes, todos ustedes el mayor sistema de vivienda protegida de Europa, el que levantó siete millones de viviendas en cincuenta años, entre los años 1950 y 2008; el que permitió al hijo del albañil y al hijo de la peluquera ser propietario. Y hoy, en la España hija de sus políticas, el hijo del médico y el hijo de la profesora hacen turnos con desconocidos para entrar al baño, para ver la tele o para cocinar. (Aplausos). Por todo eso, escuchar hoy al Grupo Socialista dar lecciones sobre vivienda protegida produce entre estupor y vergüenza ajena, porque tanta destrucción no ha podido ser casual, ha de ser fruto de un plan, porque el problema no es solo lo que prometieron construir y nunca construyeron, es también lo que unos y otros han hecho con el parque público existente: entregarlo a fondos, adjudicarlo a dedo a amiguetes o familiares -unos en Alicante, otros históricamente en Andalucía- o relegar a los españoles en la adjudicación de viviendas gracias a un sistema diseñado explícitamente para beneficiar a los recién llegados. Han decidido vaciar España de españoles, y eso pasa en primer lugar por vaciar sus hogares. El resultado es el único esperable, el único previsible: un parque raquítico, degradado, guetificado, mal gestionado, sometido a impagos crónicos e incapaz de satisfacer las necesidades habitacionales de millones de españoles.»
Fragmento 3 de 4 de esta intervención.