Ione BelarraPodemos
Diputada
«Gracias, presidente. Buenas tardes, señorías. Decía Paulo Freire, el famoso pedagogo brasileño, que en verdad sería una actitud ingenua pensar que las clases dominantes van a generar una forma de educación que permita a las clases dominadas comprender la realidad de forma crítica. Y añado yo: una educación que esté dirigida a la emancipación, a la libertad y a la felicidad. ¿A quién le interesa, señorías, que los niños y niñas de 1, 2 y 3 años vayan a una escuela de aulas masificadas, con profesoras agotadas que no llegan, que sienten culpa todo el día, que sienten ansiedad y donde a duras penas pueden cubrir sus necesidades básicas de alimentación y de cambio de pañal? No hablemos ya de cubrir necesidades básicas como el movimiento libre o de ser sostenidos emocionalmente por sus educadoras. ¿A quién le interesa, señorías, que un niño o una niña en su primera infancia aprenda con el corazón -aprenda de una forma que no va a poder olvidar nunca- que sus necesidades se van a cubrir tarde y probablemente mal por falta de recursos, que puede llorar todo lo que quiera y que la profe que tiene que atenderlo no va a tener manos suficientes para darle un abrazo y ayudarle a calmarse, y que va a pasar muchas más horas en una hamaca que en el suelo moviéndose libremente? Esto, señorías, le interesa a una sociedad que no quiere educar ni criar personas; quiere crear autómatas desconectados de sus necesidades, que trabajen diez horas al día, hagan horas extra, no peleen por sus derechos y que, cuando lleguen a su casa, se tumben a ver la tele, a ver Instagram en bucle o a jugar a la Play. Autómatas que, en vez de reconocer sus emociones, las tapen.»
Fragmento 1 de 2 de esta intervención.