Vicente Montávez AguillaumePSOE
Diputado
«Señorías, el problema es que, mientras Europa intenta avanzar en integración, el mundo empezó a retroceder. Estamos asistiendo al regreso brutal de la política del poder. Por eso, queremos expresar hoy aquí nuestra solidaridad con quienes intentan romper el silencio frente al sufrimiento del pueblo palestino, con quienes integran la flotilla, con quienes defienden la llegada de ayuda humanitaria y el respeto del derecho internacional, incluso frente a amenazas y bloqueos, porque cuando el mundo empiece a acostumbrarse al horror, la solidaridad también se convierte en una forma de resistencia democrática. (Aplausos). Europa no puede mirar hacia otro lado mientras una población civil queda atrapada entre la destrucción, el hambre y la ausencia de un horizonte político, porque los derechos humanos solo son creíbles si son verdaderamente universales, no selectivos, no condicionados y no negociables, señorías. Precisamente ahí aparece uno de los grandes peligros políticos de nuestro tiempo: vemos crecer Gobiernos que consideran los derechos humanos un obstáculo y el derecho internacional, una molestia. Pero observamos algo todavía más preocupante: cómo parte de la derecha democrática europea empieza a asumir el lenguaje, el marco mental y las prioridades de la extrema derecha. Porque el problema no es solamente el avance electoral de los extremistas, señorías, el verdadero problema es la normalización de su visión del mundo. Cuando se relativiza el valor del derecho internacional, cuando se desprecia el multilateralismo, cuando se justifica la deshumanización del adversario, Europa empieza a olvidar para qué nació, porque precisamente Europa nació para impedir que el continente vuelva a destruirse a sí mismo. Por eso, es importante que España defienda hoy una posición clara y coherente dentro de Europa, porque los derechos humanos no pueden depender de quién sea el agresor ni de quién sea el aliado y ahí España ha hecho algo importante: recordarle a Europa que la credibilidad moral no se proclama, se ejerce.»
Fragmento 3 de 4 de esta intervención.