Joaquín Robles LópezVox
Diputado
«La realidad de muchas aulas es que la supuesta inclusión se ha convertido en la coartada perfecta de la Administración para camuflar el abandono. Y lo más sangriento es que ahora, bajo el mantra de la modernidad, algunos iluminados pretenden eliminar los centros de educación especial. No solo no debería cerrarse ningún centro de educación especial, sino que se debería aumentar su presupuesto para convertirlos en centros de alta especialización y referencia. (Aplausos). La verdadera equidad no es meter a todos en la misma batidora, es dar a cada uno el entorno que necesita para progresar con dignidad. Compartimos este diagnóstico completamente. Tanto la inclusión como la diversidad son ideas abstractas, funcionales y no sustanciales, que pueden dar valores positivos o negativos en función de las variables, de los casos particulares a los que se aplica. Es decir, incluir a un alumno con necesidades educativas especiales en una clase junto a otros que no requieren de atención especial puede ser un acierto o un trágico error, en función tanto de las características individuales de ese alumno como de las que posea la clase en la que se pretende integrar. Por esto, el diagnóstico clínico del alumno, la decisión de los padres y las características del centro educativo deben determinar la decisión de la inclusión de un alumno o no. Lo que no puede hacerse es justificar un sistema inclusivo con base en que la inclusión o la diversidad son buenas en sí mismas, con abstracción de sus valores particulares (aplausos), y prescindiendo en muchos casos de los diagnósticos de las necesidades de los padres, así como del de los colegios y de su capacidad para hacerse cargo de estos alumnos.»
Fragmento 2 de 9 de esta intervención.