Ignacio Hoces ÍñiguezVox
Diputado
«Muchas gracias, señor presidente. Buenos días, señorías, y muy buenos días, señor Gabilondo. Este informe, señor Gabilondo, tiene algo de lo que Cicerón reprochaba en Roma en tiempos de crisis: abundancia de palabras y escasez de verdades. Esto siempre ocurre cuando una institución se llena de retórica y de lírica y abandona el pueblo. Mientras millones de españoles sufren alquileres imposibles y la inseguridad, el Defensor del Pueblo cae una y otra vez en sus clásicas obsesiones ideológicas: multiculturalismo, el catecismo climático y su moralismo ideológico. (Aplausos). En consecuencia, señor defensor del pueblo, este informe se parece muy muy poco a la España real. Aquí apenas aparece el trabajador que no llega a fin de mes. Aquí apenas aparece la familia que está preocupada por la inseguridad en su barrio. Tampoco aparece el joven que no puede emanciparse. Tampoco aparecen el agricultor y el ganadero españoles que no consiguen, por las cargas imposibles que han impuesto, la rentabilidad que sí lograron sus padres y sus abuelos. Pero, sobre todo, lo más importante es lo que calla. Calla ante una España que envejece, calla cuando hay barrios enteros que no son capaces de reconocerse y calla cuando millones de españoles saben que pagan más a Hacienda y reciben peores servicios públicos, sobre todo en educación, sanidad e infraestructuras, principalmente las ferroviarias.»
Fragmento 1 de 5 de esta intervención.