29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Carlos Hernández QueroVox

Diputado

«Las consecuencias son las únicas posibles y, desde luego, las esperables: cientos de candidatos por cada piso que se anuncia, filtros de acceso cada vez más duros, castings de película; españoles descartados, sin casa, enviados a una cuneta social, y hacinamiento como única respuesta a la escasez. La casa de tres habitaciones que antes alojaba a los padres y a dos hijos ahora es habitada por tres familias inmigrantes o tres grupos de estudiantes, uno en cada habitación. Una degradación lastimosa de las condiciones de vida: ollas debajo de la cama, armarios donde convive la ropa con la comida, niños que hacen los deberes en el suelo... Esto no es progreso, ni legislatura de la vivienda, ni coliving, ni nada molón; esto es chabolismo vertical. Y esto es algo que los españoles, que cuando miran por el retrovisor se encuentran con la casa en propiedad en la que nacieron, no pueden permitirse y no pueden tolerar de ninguna forma. Entonces ocurre algo devastador: el trabajador español ya no puede competir por un alquiler sin rebajar brutalmente su nivel de vida, sin renunciar a su intimidad, a su estabilidad, a su dignidad. Así es como una generación entera empieza a redescubrir formatos habitacionales que son más propios de la novela social del siglo XIX o de la inmediata posguerra: habitaciones realquiladas, treintañeros compartiendo piso eternamente, parejas incapaces de poder tener hijos, niños creciendo sin espacio... Claro, si en la compra la familia española no podía competir con las rentas de un millonario de Ciudad de México, de Londres o de Pekín, en el alquiler resulta que ha sido condenado a una cruel disyuntiva: o destinar una parte obscena de su sueldo a pagar la renta y llegar con el agua al cuello al día 15, 16 o 17 de cada mes, o aceptar condiciones impropias de un país europeo en el siglo XXI. Por tanto, el español corriente ha quedado atrapado: demasiado pobre para comprar, demasiado acostumbrado a vivir con dignidad para poder alquilar con el hacinamiento actual, demasiado español para recibir vivienda social.»

Fragmento 5 de 8 de esta intervención.

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