29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Carlos Hernández QueroVox

Diputado

«Son muy ridículas las consecuciones en lo relativo a vivienda social. Cada año hay más denuncias por okupación que viviendas terminan las administraciones públicas. (La señora ministra de Vivienda y Agenda Urbana, Rodríguez García, hace gestos negativos). No diga que no, señora ministra. Puede usted ver ambos datos entrando en la página de su ministerio y del Ministerio del Interior, ambos datos son públicos para todo español que sepa leer. (Aplausos). Y no es solo que hagan poca, sino que la poca que hacen las administraciones públicas españolas ya sabemos quién se la lleva: los amigos del PP, los amigos del PSOE, los fondos o extranjeros recién llegados. Entonces, los españoles corrientes descubren que tampoco pueden competir ahí. Descubren que lo que debería ser su refugio es, al final, su condena, que también en esto son los últimos de la cola. No solo los últimos, sino que descubren todavía algo más humillante, que con sus impuestos están financiando viviendas que ellos jamás recibirán, que los españoles sin casa están pagando las casas a quienes acaban de llegar (aplausos), porque los criterios actuales priorizan casi exclusivamente la renta, la vulnerabilidad y el desarraigo, y ningún trabajador español, por precario que sea, puede competir con todo el mundo por una vivienda social. Es un juego amañado desde el principio, trucado, de bolas calientes. Eso destruye inevitablemente la solidaridad social y la solidaridad nacional. Los Estados de bienestar nacieron para eso, para proteger a los compatriotas que necesitan del abrazo colectivo. Eso es así y debería ser así en cualquier nación seria del mundo. En Suecia, primero los suecos; en Honduras, primero los hondureños; en Kuwait, primero los kuwaitíes; y en España, primero los españoles. Es la necesidad y ese es el verdadero drama. No solo la escasez, no solo los precios, sino la sensación creciente de abandono nacional, la sensación de que el español siempre va último en su propio país para todo, para comprar, para alquilar o para recibir una vivienda social.»

Fragmento 7 de 8 de esta intervención.

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