Txema Guijarro GarcíaSumar
Diputado
«El informe nos dice también que la región que más contribuye en esta década al aumento del gasto militar sostenido es Europa, con un incremento del 83 %. Somos responsables ya de un cuarto del gasto militar mundial, con un 25 % en este último año, solo por detrás de Estados Unidos y con datos similares a la República Popular China. Por otro lado, el informe expone la brutal dependencia del complejo militar industrial norteamericano por parte de Europa, que nuevamente ha batido su propio récord de compras registrado en los periodos anteriores. En el intervalo 20212025, último dato registrado, el 58 % de todas las importaciones armamentísticas de los países europeos de la OTAN proviene del gigante hegemónico. Por tanto, lo que nos dicen estas cifras es que nuestro continente gasta una porción muy importante del gasto militar mundial, que esta porción aún ha crecido más en los últimos años y que cada vez compramos más tecnología militar al hegemón mundial, cuyo ejército es más poderoso que todo el resto de fuerzas militares globales combinadas. Y, sin embargo, señorías, ¿acaso nos sentimos hoy más seguros que hace una década, como otros antes de mí han preguntado? La respuesta -coincidiremos, señor Rego- es que no, amén de que toda esta espiral, como usted mismo ha denunciado, detrae recursos que bien podrían haber sido utilizados en el bienestar de nuestra ciudadanía. Pero, además, el coste de oportunidad en realidad es trágicamente doble: no solo dejamos de producir servicios públicos en aras de -supuestamente- mejorar una seguridad aparentemente amenazada, sino que también hace más difícil cualquier salida diplomática al desorden mundial actual. Porque su reconfiguración futura no solo deberá definir unas nuevas reglas de juego multilateral, sino que además tendrá que hacerse cargo de un mundo atestado de arsenales de destrucción masiva. En este sentido, algunos analistas, incluido el papa, ya han advertido de que la incorporación acelerada de la inteligencia artificial a los sistemas de armamento supone un salto cualitativo comparable a la era atómica inaugurada en 1945.»
Fragmento 2 de 4 de esta intervención.