Jacobo González-Robatto PeroteVox
Diputado
«Señorías, hoy debatimos algo mucho más serio que una partida presupuestaria. Debatimos si nuestra nación quiere seguir siendo capaz de defenderse o si más bien, por el contrario, prefiere convertirse en un país indefenso, dependiente y sometido a la voluntad de otros. Porque la defensa, señorías, no es un capricho, no es una obsesión militarista, no es una extravagancia, sino que la defensa -lo hemos dicho muchas veces- es la condición necesaria para todo lo demás. Sin defensa no hay libertad, tampoco hay fronteras, tampoco hay seguridad jurídica, no hay industria, ni comercio, ni hospitales, ni pensiones, ni campo, ni pesca, ni nada más. Todo eso que dicen ustedes proteger solo existe si antes hay una nación en pie que sea capaz de garantizar su soberanía. Y conviene dejarlo claro: el mundo no se está volviendo precisamente un lugar más seguro; todo lo contrario. Tenemos una guerra en Ucrania que ha devuelto el conflicto convencional al corazón de Europa, tenemos la mitad de Oriente Medio en llamas y tenemos también el Sahel convertido en un espacio de inestabilidad, terrorismo, tráfico de personas y penetración de potencias hostiles. Contamos también con amenazas híbridas, ciberataques, presión migratoria descontrolada y organizada, rutas marítimas vulnerables y una competición internacional cada vez más dura. Mientras todo esto ocurre, algunos vienen aquí a decir que debemos desarmarnos, romper con nuestros aliados, expulsar a Estados Unidos de Morón y de Rota y abandonar la OTAN. Es difícil, la verdad, imaginar una receta más irresponsable. Pero, además, señorías, no vivimos en una isla imaginaria: tenemos una posición geográfica concreta; tenemos dos ciudades españolas al norte de África; tenemos intereses en el Mediterráneo, en el Atlántico y en el Estrecho; y tenemos un vecino, Marruecos, que lleva años aumentando de forma sostenida su inversión militar, modernizando sus capacidades y reforzando su posición estratégica. Ante esto, ¿qué nos propone el BNG? Mirar para otro lado, reducir nuestras capacidades, debilitar a nuestras Fuerzas Armadas, salirnos de las alianzas que sostienen gran parte de nuestra seguridad. Eso, señoría, no es pacifismo, eso es una temeridad. La paz no se defiende con pancartas. La libertad tampoco se protege con eslóganes. La soberanía, desde luego, no se garantiza con manifiestos de facultad. Se defiende con medios, con industria, con tecnología y con soldados bien equipados y una política nacional seria. (Aplausos).»
Fragmento 1 de 2 de esta intervención.