Francisco Sierra CaballeroSumar
Diputado
«Dicen las crónicas que ovacionaron al representante del Vaticano con un largo aplauso de más de seis minutos de duración. Supongo que fue así. Y dicen -es un decir- que tal unanimidad puso en evidencia la necesidad de revisar la forma de violencia que enrarece el ambiente en el Congreso. Y, ciertamente, más allá de los comentarios ocasionales de tertulianos y analistas, convengamos que ello es urgente y necesario. La proposición de reforma del Reglamento trata de dar respuesta a esta situación. Las herramientas actuales no sirven para restablecer el orden y la concordia en este hemiciclo, máxime cuando los de la prioridad nacional socavan la democracia y no respetan las mínimas normas de decoro y cortesía parlamentaria; no saben qué es el patriotismo constitucional. Señorías de las derechas extremas, la casa de la palabra, el Congreso, no es una taberna ni un plató de televisión y, desde luego, tampoco es un reality show. En el Congreso se exigen ciertas normas de respeto, no el esperpento del insulto y la impostura permanente. En el último Pleno tuve a bien llamar la atención a la portavoz del Grupo Popular y al señor Bendodo a propósito del señor Tellado, mientras este vociferaba insultando a la bancada del Grupo Socialista. No sé si son conscientes, quizás sí, de que la ciudadanía se avergüenza y censura tales comportamientos; sufren hasta el hastío la deriva destituyente por la creciente violencia verbal y de señalamiento que vienen desplegando a diario. Pero ustedes a lo suyo. En su momento no me respondieron, mudos, ciegos y sordos a todo razonamiento. Eso sí, ahora tendremos que escuchar que la propuesta de reforma vulnera los principios constitucionales de la libertad de expresión.»
Fragmento 1 de 5 de esta intervención.