Carlos Flores JuberíasVox
Diputado
«Aun así, déjenme que siquiera por unos minutos haga como que doy por buena esta tesis y sustituya la apelación al estricto cumplimiento de las leyes por la defensa de una proposición no de ley. Hoy, que una diputada de Podemos acaba de amenazar con llevar a los tribunales al Gobierno o a la mayoría socialista, déjenme que sea yo el que intente reivindicar la política. Una proposición no de ley que, como bien saben ustedes, es uno de los instrumentos de los que esta Cámara dispone para orientar la acción del Gobierno, instándole a seguir una determinada política o a abstenerse de tomar determinadas medidas, sin que su aprobación conlleve modificación alguna de nuestro ordenamiento jurídico susceptible de acabar con el presidente del Gobierno sentado en un banquillo. Una proposición no de ley cuyo contenido queda de manifiesto en su mismo enunciado: impedir que miembros del Gobierno o cualquier autoridad o funcionario colaboren, negocien o pacten con prófugos de la justicia; pero que, incluso, sería susceptible de resumirse en una demanda tan sencilla de enunciar como sencilla de cumplir, la exigencia de que el Gobierno que encabeza el señor Sánchez -al que no veo por aquí y al que supongo que estará firmando ejemplares de su libro en El Corte Inglés de Moncloa- respete esta Cámara y a los ciudadanos a los que esta Cámara representa; y que le brinde a este Congreso, y también al Senado, el respeto y la consideración que uno y otro merecen, en su condición de más altos representantes del pueblo español, de titulares de la potestad legislativa del Estado de instituciones legitimadas para el control del Gobierno. El respeto y la consideración que el señor Sánchez y sus enviados les hurtan cada vez que se desplazan a Bruselas o a Ginebra para discutir y acordar con prófugos de la justicia asuntos que solo entre estas cuatro paredes pueden ser acordados y que solo aquí merecen ser discutidos. El respeto y la consideración que el señor Sánchez y sus enviados burlan cada vez que en esas reuniones semiclandestinas suscriben acuerdos que menoscaban las leyes salidas de este Parlamento y, aún, la ley de leyes que los ciudadanos españoles ratificamos en referéndum el 6 de diciembre de 1978. El respeto y la consideración de los que el señor Sánchez y sus enviados hacen mofa cuando se sirven del dinero que los contribuyentes les confiaron para agasajar a criminales convictos, pero nunca arrepentidos, que han hecho además gala de su deseo de repetir sus crímenes. Y, ya puestos, que les brinde también a los españoles, a los que esta Cámara representa, el respeto y la consideración que merecen en tanto que titulares de la soberanía nacional y ciudadanos libres e iguales en un Estado democrático. El respeto y la consideración que el presidente del Gobierno y sus enviados les niegan -nos niegan- cuando venden en almoneda nuestra soberanía, menoscabando ante nuestros aliados la imagen de nuestro país; cuando nos homologan ante los ojos de la opinión pública internacional con tantos otros estados fallidos o al borde de serlo, como Bosnia, Kosovo, Ruanda, Colombia o El Salvador, que tuvieron que recurrir a mesas negociadoras montadas en países lejanos y bajo la supervisión de potencias internacionales para resolver los diferendos que no fueron capaces de encarrilar en sus todavía precarias instituciones representativas; o cuando ofenden el más elemental sentido de la decencia, ofreciendo a los prófugos con los que se sientan a negociar ventajas penitenciarias o, directamente, la más absoluta impunidad a cambio de votos. (Aplausos).»
Fragmento 3 de 4 de esta intervención.