29N · generales · dom 29 novfaltan 26 días

Marta Madrenas i MirJunts

Diputada

«Por eso, a Junts nos preocuparon especialmente las declaraciones del conseller Dalmau, del Govern de Illa. Afirmó que la libertad de expresión está muy bien, pero que nadie debería -atiéndanme- ejercerla siempre y en cualquier sitio, cada cosa en su momento. Pero es que es absolutamente al revés, señor Marlaska. Los derechos fundamentales existen precisamente para que se puedan ejercer siempre y en todas partes. Si solo se pudieran ejercer cuando al poder le pareciera conveniente o cuando el mensaje no le incomodara, dejarían de ser derechos para convertirse en simples permisos. No, no estamos discutiendo si le gusta o no a alguien una estelada; estamos discutiendo si una democracia real -no una de feria, como ha demostrado ser la del Reino de España- puede expulsar a ciudadanos pacíficos porque lleven una estelada. Y la respuesta es evidente: no. La función de la Policía es proteger los derechos fundamentales de los ciudadanos, no decidir qué ideas pueden expresar, cuándo y dónde. Por eso le pido que no justifiquen lo injustificable, como ha hecho el delegado del Gobierno. Revisen los protocolos policiales, formen mejor a la Policía Nacional en términos de conservación de los derechos de las personas y asuma también cierta responsabilidad política, la que le corresponde. La Policía Nacional tiene que respetar el derecho de los catalanes a llevar una estelada donde les dé la gana: delante del papa, en un campo de fútbol o en un acto presidido por el rey. Su obligación es proteger este derecho, no impedir su ejercicio. Porque ¿de qué tenía miedo la policía española? ¿De qué tiene miedo su Gobierno, señor ministro?, ¿de un grupo de personas cantando un himno con unas esteladas? ¿O quizás del hecho de que se visibilice que hay catalanes que defendemos pacíficamente la independencia? La semana pasada no fracasó el dispositivo de seguridad, lo que fracasó fue su relato, el relato socialista del reencuentro, el relato de Sánchez e Illa de una Cataluña normalizada, de un conflicto político entre España y Cataluña superado y de un independentismo residual. Fue suficiente una visita del Papa para que ese relato se hundiera, porque los Gobiernos de Sánchez e Illa no estaban preocupados por proteger al papa -evidentemente no había ningún riesgo- estaban preocupados por proteger una fotografía de una ficticia Cataluña domesticada que quieren venderle a todo el mundo. Y escuche, el problema no son las esteladas, el problema es que este Estado sigue considerando que una estelada es un problema, que Els Segadors es un problema, que cualquier expresión pública de la realidad nacional de Cataluña y de la defensa de la independencia es un problema. Por eso usted nos tiene que dar explicaciones hoy. ¿Por qué la Policía Nacional gestionaba la seguridad dentro de la basílica de la Sagrada Familia cuando los responsables de la seguridad ciudadana en Cataluña son los Mossos d'Esquadra? ¿Quién dio las órdenes de expulsar a los cantores de dentro de la basílica? ¿Quién decidió que la Policía Nacional podía impedir que un grupo de personas interpretasen Els Segadors? ¿Qué riesgo o amenaza concreta justificaba aquella actuación contraria al derecho a la libertad de expresión? Porque toda Cataluña vio que la Policía Nacional no actuó contra una conducta peligrosa, actuó contra unas ideas, contra unos símbolos y una identidad nacional, la catalana, la mía. Eso es lo que una policía democrática no haría nunca.»

Fragmento 8 de 10 de esta intervención.

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