Nahuel González LópezSumar
Diputado
«Presidente, ministro, señorías. ¿Conocen el concepto de hiperstición? Puede sonar extraño, pero Mark Fisher nos explicó que hay ficciones que no se limitan a describir la realidad; hay historias que, al circular, al instalarse en nuestra imaginación y al orientar nuestros deseos, terminan contribuyendo a construir el mundo; y pocas herramientas poseen una fuerza hipersticional tan grande como el cine. El cine, además de contarnos lo que existe, nos enseña lo que puede existir; decide qué vidas aparecen en primer plano, qué dolores merecen ser recordados, qué alegrías merecen celebrarse y qué futuros somos capaces de imaginar. Por eso sentimos que conocemos Nueva York aunque no hayamos pisado sus calles: reconocemos sus taxis amarillos, sus puentes, sus comisarías, sus rascacielos y hasta la forma en que cae la lluvia sobre Manhattan. Sabemos cómo vestía la mafia estadounidense en los años cincuenta y conocemos sus coches, sus restaurantes, sus códigos y sus familias. Podríamos identificar calles de Míchigan que probablemente nunca recorreremos. El cine ha conseguido que lugares lejanos formen parte de nuestra memoria más íntima, y esa es una de sus grandezas.»
Fragmento 1 de 5 de esta intervención.